domingo, 26 de septiembre de 2010

El Rati Horror Show

Enrique Piñeyro, con su tono monocorde, nuevamente nos sacude el árbol con su nueva película "El Rati Horror Show". Se trata de un documental que apunta a señalar las atrocidades que se cometen en nombre de la Justicia. Esa misma justicia que sentenció y condenó a Fernando Ariel Carrera a treinta años de prisión en el penal de Marcos Paz, por lo que fue conocido como la "masacre de Pompeya". El film deja a las claras que no hay una sola prueba que vincule a Carrera con dicha masacre y más bien pone sobre la palestra el prontuario mafioso y delictivo de la Policía Federal, los jueces de la causa y el rol del Estado Nacional.

"...Carrera es el clásico ciudadano de manual del alumno bonaerense que se casó con la novia del secundario, tuvo tres hijos, una gomería a su nombre, el auto, seguro y patente al día. ¿De dónde viene entonces lo del “raid delictivo”? ¿De qué me están hablando? Acaba de dejar a los chicos en lo de la abuela…todavía están los dibujitos de los pibes en el auto… Aquí la manipulación de la prueba es una cosa horripilante".

"...en definitiva, lo que más me impactó fue la tergiversación, por parte de los jueces, de los dichos del testigo. Ese es un delito grave cometido con una impunidad que vos te decís: “Pero, ¿nunca se pensaron que alguien iba a cotejar la grabación de los testigos contra lo que ellos escriben?” A ese nivel de impunidad se manejan jueces de la Nación".

"Hay uno que dice: “No pudo justificar su presencia en el lugar”, y el artículo 14 de la Constitución te habilita para circular libremente, etc. ¿Cómo vas a tener que justificar, por ejemplo, tu presencia en Montevideo y Santa Fe? Si, en cambio, te encontraran en una habitación con un tipo con tres puñaladas… bueno, ahí ya cabe preguntar: “¿Qué estás haciendo aquí?” Pero, en la vía pública... francamente".

"A Carrera le plantan el mismo abogado que defendió a los asesinos de Ezequiel Demonty (el chico que obligaron a tirarse al río curiosamente los mismos policías de la 34)… entonces, seriamente, me parece que son señales muy graves y si encima se insiste, desde el Gobierno, en echarle la culpa a la Justicia por la inseguridad, te estás olvidando de varias cosas. Punto uno: que la Justicia interviene una vez cometido el delito. Está en el fondo de la cadena en la que vienen educación, prevención, detecciones. El asunto se agrava en la última parte. Te estás olvidando de que Oyarbide es tu juez favorito. Un juez que está investigado por tres jueces federales por cohecho agravado, enriquecimiento ilícito y amenazas. Lo salvó la bancada peronista y ahora es “tu” juez favorito. Y te estás olvidando de que forman parte de un gobierno que ha desconocido ostensiblemente dos fallos de la Justicia. Uno de ellos, de la Corte Suprema, ordenando restablecer en su puesto al procurador general de Santa Cruz. Y después, ¿le vamos a echar la culpa de la inseguridad a la Justicia?"

sábado, 18 de septiembre de 2010

Limpiavidrios

Un chico de unos 11 años se acerca al auto y me ofrece limpiar el parabrisas. Le hago el gesto habilitando la acción que le garantizará una moneda. Son dos minutos de empeño, de desesperación por hacerlo bien, de lograr la transparencia deseada. El semáforo lo apura y no puede completar su trabajo a la perfección. Le doy dos pesos, me sonríe y dice: "Que Dios lo bendiga Señor". "A vos primero" le contesto.

Me voy con esa sensación de haber ayudado y con el vidrio un poco más limpio de lo que estaba. Al instante me percaté de que esos chicos no están limpiando los vidrios de nuestros autos, sino la tierra que llevamos en los ojos. Quieren que veamos, que dejemos de mirar para otro lado, que nos percatemos que aún hay voluntad por salir adelante.

Mucha gente se pone muy nerviosa y angustiada cuando los limpiavidrios se abalanzan sobre sus autos, y en general se amparan en la inseguridad, en ideologías políticas o en cuestiones de clase. Pero la reacción se debe al miedo. Miedo a tener que hacer contacto con la realidad.

¿Y si fuéramos nosotros los que estuviesemos del otro lado del parabrisas?

domingo, 29 de agosto de 2010

¿Por qué somos empleados?

"...Como en la escuela, nada me era explicado. Cuando tropezaba con dificultades en alguna tarea, se me decía que "me fijara como se había hecho la última vez". Luego de un tiempo surgió una vacante como cajero principal, la cual me fue asignada.

Pero no ponía el corazón en el trabajo. Jamás hice un pago sin la esperanza de no tener que volver a hacerlo. Odiaba mi puesto y mi trabajo. Pero ¿qué es lo que convierte a un hombre en empleado?

Es imposible hacer un empleado de un beduino, pero es sumamente fácil conseguirlo con un inglés. Lo único que es preciso hacer es dejarle caer en una familia burguesa, darle un padre que no pueda mantenerle, ni darle un capital para iniciarse, ni llevar su educación más allá de la lectura, escritura y aritmética, pero que se sienta deshonrado si su hijo elige la profesión de mecánico. En tales circunstancias, ¿ qué puede hacer el pobre diablo sino convertirse en empleado?

Y yo tambien me convertí en uno, hasta que decidí renunciar en 1876 y viajar a Londres para buscar otro destino."
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Las palabras son de George Bernard Shaw, quien claramente encontró otro destino.
Extraído de su libro "Dieciseis esbozos de mi mismo".

miércoles, 18 de agosto de 2010

Ortografía

No sé si ustedes lo han notado, pero he comenzado a naturalizar los errores de ortografía como algo común en los demás. Más aún, ya se me ha hecho costumbre escuchar esa tendencia a justificarse de los errores con la frase: “Es que yo con la ortografía soy malísimo”.

No hablaré aquí de la gente que no ha podido acceder a la educación, ese gran grupo de seres humanos que ha alcanzado la miseria absoluta con la ayuda desinteresada de nuestros prestigiosos mandatarios. Esa clase popular está destinada al olvido literal y simbólico con una crueldad sostenida que trasciende a cualquier partido político. Hablar mal es signo de pensar mal (entiéndase a nivel abstracto) y ese es un terreno fértil para cualquier político mediocre.

Pero quiero referirme aquí a todos aquellos que han tenido la suerte de acceder a una educación secundaria y universitaria. “Profesionales” que escriben palabras como: yegando, llendo, convinar, ciensia, abilidad, companía, a ver (en lugar de haber). No hablemos de los acentos, de las comas o los puntos, de redactar una oración con significado o de no redundar. Ni soñemos con encontrar una frase alusoria o metafórica, eso ya sería demasiado.


¿Cómo puede ser que un profesional graduado a nivel universitario tenga faltas de ortografía? Es inadmisible. Si una persona no ha podido acceder a la educación y tiene faltas de ortografía, es algo absolutamente entendible y lógico. Pero una persona que se jacta de su título, de su cargo en una empresa y de su nivel de profesionalismo; no le perdono bajo ningún aspecto la comunicación mediocre, pobre en cuanto a significados, plagada de errores y redundante.
Convengamos que nadie sabe las noventa mil palabras del diccionario. Palabras como adamantino, risueño, absorto, anacrónico, hálito, zozobra; ¿cuánta gente sabrá qué significan? ¿cuánta gente sospechará que pueden llegar a significar? Y más aún, ¿por qué a nadie le interesa saberlo?

Una solución a este problema se encuentra en la lectura y el uso del diccionario. Pero también está en el sistema educativo (público y privado), el cual por no entorpecer el camino profesional de sus alumnos, hace vista gorda sobre la barbarie ortográfica que perpetran y sólo se focalizan en los aspectos técnicos memorizados, los cuales repiten como loros sin parar. Desde mi punto de vista, una fórmula química tiene la misma importancia que una regla ortográfica, un artículo de la ley que el uso de la H, una liquidación de impuestos que los sinónimos para evitar redundancias.

Somos un país que está educado para el cuatro, para zafar, para la trampa, para aprobar con el menor esfuerzo. Por eso se condena al genio, al distinto, al que sobresale. Y el que escribe bien, automáticamente se convierte en alguien “complicado”. Esa complejidad enerva, porque hace evidente la miseria linguística en la cual se mueve el resto.



Refugiarse en la frase “Lo que pasa es que soy malísimo en ortografía” habla más de un mediocre que de un ignorante. Un ignorante simplemente diría: “No lo sé”. El mediocre –en cambio- se justifica desde su propia falta de interés por querer superarse.



Desde la ignorancia podemos incorporar conocimientos, aclarar dudas, arrojar luz sobre ciertas temáticas y fomentar el espíritu crítico e indagatorio.

Desde la mediocridad, en cambio, nunca surgirá una sola idea interesante.

martes, 20 de julio de 2010

La decadencia de la amistad

"En el barrio de Flores existió una agencia destinada a ofrecer amistad a los solitarios. Fue la celebre Proveeduría de Amigos de Ocasión. Un asunto que molestaba a los clientes era el rigor de los Amigos de Ocasión en sus horarios. Cuando vencía el plazo estipulado, se terminaba la amistad. Sin saludar, los contratados daban media vuelta y se iban, muchas veces interrumpiendo una carcajada o librándose bruscamente de un abrazo fraternal.
...la Sección Niños permitía que los padres eligieran a los amigos de sus hijos, sin correr riesgo alguno. Para ello se contaba con un numeroso plantel de chicos e incluso enanos, adiestrados en diferentes actitudes.
...asimismo existía un departamento para Damas, con un amplio surtido de chimentos. Algunos malintencionados decían que las mujeres no contrataban amigas, sino enemigas, pero ese es otro asunto.
El fracaso mas estruendoso fue el de la sección Amistades Mixtas. Vale la pena -eso si- recordar lo que dijo Manuel Mandeb a una amiga suya, tal vez alquilada en la proveeduría: “Vea. Yo puedo ser su amigo si usted quiere. No trataré de seducirla ni me pondré romántico ni le haré propuestas indecorosas. Pero sepa que yo necesito que exista un amor potencial. Me resulta indispensable que exista una posibilidad en un millón de que algo surja entre nosotros. Le aclaro que es probable que si se da esa circunstancia yo salga corriendo. Pero es únicamente en virtud de esa remotísima chance que yo estoy aquí oyendo su conversación como un imbécil.”
Los Hombres Sensibles nunca fueron buenos clientes de la agencia Amigos de Ocasión. Quizás porque sus presupuestos eran muy humildes. O a lo mejor porque les gustaba que los quisieran gratis...
Manuel Mandeb pasaba largas horas en la esquina de Artigas y Morón fumando con Jorge Allen, el poeta. Muchas veces ni se hablaban. Se contentaban con saber que el otro estaba allí.
Ya en su última etapa, la proveeduría empezó a ofrecer viejos amigos. Se preparó entonces un magnifico grupo de viejos mentirosos que ante la entrada de algún candidato de cierta edad, fingían reconocerlo y le soltaban cuatro o cinco recuerdos para ir tomando confianza. Esta sección trabajaba mucho en las cenas anuales que suelen realizar los ex-alumnos de los colegios. Su misión consistía en ir reemplazando a los fallecidos y mantener siempre firme la concurrencia. Así, en cierta reunión de egresados del Colegio Nacional Nicolás Avellaneda, promoción 1921, se dio el curioso caso de que ninguno de los asistentes había pisado jamás ese establecimiento, lo que no les impidió evocar a profesores, reírse de pasadas travesuras y brindar por encuentros futuros.
Hoy cuando ya no existe la Agencia Amigos de Ocasión, vale la pena preguntarse si no será necesario inventar algo para reemplazarla. Será difícil, desde luego. Nadie podrá rescatar a los amigos perdidos. Poco podrá hacerse para librarnos de los desconocidos que llenan nuestro tiempo. En todo caso, cada uno de nosotros deberá cuidar lo poco que tenga sin componer canciones ni escribir poemas. Se trata únicamente de sentarse un rato en la vereda o de matear en silencio con los que están más cerca de nuestro espíritu.

Si uno no tiene ya a los de antes, cabe decir que tal vez existen en el mundo amigos viejos a los que todavía no conocemos. Yo mismo, las otras noches resolví salir de mi encierro y lleno de ilusiones me encamine a cierta esquina que conozco. Tenia ganas de fumar en silencio junto a tres o cuatro sujetos que se estacionan en ese lugar. Pensaba además cosechar algún guiño amistoso después de estos años en que estuve tan ocupado. Pero algo raro debe haber sucedido, porque no había nadie".
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Extraído y adaptado de "Crónicas del Angel Gris" de Alejandro Dolina.




martes, 13 de julio de 2010

El cien existe

El niño está hecho de cien. El niño tiene cien lenguas, cien manos, cien pensamientos, cien maneras de pensar, de jugar y de hablar. Cien, siempre cien maneras de escuchar, de sorprenderse, de amar. Cien alegrías para cantar y entender. Cien mundos que descubrir, cien mundos que inventar, cien mundos que soñar. El niño tiene cien lenguas, pero se le roban noventa y nueve. La escuela y la cultura le separan la cabeza del cuerpo.

Le hablan de pensar sin manos, de actuar sin cabeza, de escuchar y no hablar, de entender sin alegria, de amar y sorprenderse sólo en Pascua y en Navidad.

Le hablan de descubrir el mundo que ya existe y de cien le roban noventa y nueve.

Le dicen que el juego y el trabajo, la realidad y la fantasía, la ciencia y la imaginación, el cielo y la tierra, la razón y el sueño son cosas que no van juntas.

Le dicen en suma que el cien no existe.
Y el niño dice, en cambio, el cien existe.

Loris Malaguzzi
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Traemos diversos talentos en nuestros genes, pero nos educan para desaprenderlos y dedicarnos a lo que no nos sale naturalmente.
El mundo nos dice lo que conviene ser para "asegurarnos el futuro".
El sueldo determina las vocaciones y los trabajos frustran las pasiones.
Casi nadie hace lo que quisiera hacer, ¿no es curioso?
Así, tenemos gente que gana poco, que no puede ahorrar, que no puede siquiera asegurarse el presente, que se aburre en su trabajo, que espera a que llegue el viernes, que sufre porque sus 14 días de vacaciones han finalizado, que espera un ascenso, que tiene que respetar a alguien por su jerarquía y que es despedido porque la empresa se va del país.
Estos simplemente son síntomas de un problema más profundo.
La gente sólo sanará cuando pueda hacer lo que le gusta.

lunes, 5 de julio de 2010

La vida tal como es

"Nadie puede saber lo que es la vida, pero sí podemos vivirla directamente. Sólo eso nos es dado como seres humanos. Pero rechazamos el regalo, no vivimos la vida directamente. En lugar de eso nos pasamos la vida protegiéndonos. No estamos dispuestos a enfrentar directamente el dolor de la vida. La vida no es un refugio seguro. Nunca lo fue y nunca lo será.

En primer lugar debemos reconocer que todos tenemos miedo. El temor fundamental es el de morir, y constituye la base de todos los demás. Este temor nos conduce a comportamientos inútiles, entre ellos el esfuerzo por proteger nuestra imagen, nuestro ego. De esa necesidad de protegernos emana la ira; de la ira emana el conflicto; y el conflicto destruye nuestras relaciones con los demás.

La vida es una serie interminable de desilusiones y es maravillosa sólo porque no nos dá lo que deseamos. Para echar a andar por ese camino se necesita valor, y muchas personas no lo logran en esta vida. Sólo unos pocos, enormemente persistentes y que ven todo en la vida como una oportunidad y no como una ofensa, lograrán comprender al final.

No existen soluciones a los problemas, porque en realidad no existen los problemas. Sólo existe la vida tal como es y sus sucesos. Los problemas surgen cuando subordinamos el momento a algo más, a nuestros pensamientos egocéntricos: ya no es este momento, sino lo que yo deseo.

Cada momento de la vida es absoluto en sí mismo; no hay nada más. No hay otra cosa aparte de este momento presente; no hay pasado, no hay futuro, sólo hay esto. Por lo tanto, cuando no prestamos atención a cada pequeño esto, lo perdemos todo. Y el contenido de esto puede ser cualquier cosa: poner la mesa, picar una cebolla o visitar a alguien que no tenemos ganas de visitar. Si pudiéramos prestar absoluta atención, nunca nos alteraríamos. Si perdemos no sólo un momento, sino uno tras otro, entonces estamos en problemas.

Preferimos la destrucción antes que cambiar, aunque somos cambio.
Preferimos morir de angustia, temor y soledad, antes que escalar la cruz del momento y dejar que mueran nuestras ilusiones.
Y la cruz es también la encrucijada, la alternativa.
Estamos aquí para hacer esa elección."
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"La vida tal como es. Enseñanzas sobre Zen" Charlotte Joko Beck.