miércoles, 22 de diciembre de 2010

Tres de Mujica

1) En un pequeño restaurante en Colonia (Uruguay), se apareció José "Pepe" Mujica con su mujer en su Escarabajo del ’81. Todos lo respetaban cuando almorzaba y, antes de irse, sacó su billetera y pagó como uno más. Un comensal argentino llamó al mozo que los estaba atendiendo y le preguntó cómo era que le cobraban al presidente de la República.
A lo que el mozo le contestó: “Si no le cobramos, nos mata, y no viene más”.

2) De lo que ganan él como presidente y su mujer como funcionaria, donan el 70% a su partido. Cuando le preguntaron por qué, Mujica dijo: “Porque le debo a mi partido lo que soy, y es norma. Si hasta hoy pude vivir con 4 mil pesos uruguayos y ahora, con mi señora, llegamos a los 7 mil dólares por mes, ¿para qué queremos más?”.

3) En su blog escribió: "En el futuro la honestidad de la clase política va a ser un elemento decisivo en el desempeño del país. Más importante que el desarrollo de la productividad, más importante que la llegada de inversiones, más importante que equilibrio de las cuentas públicas. Cuando se está en posiciones de poder no hay casi ninguna cosa que uno quiera hacer que no vaya a generar un montón de broncas. Si los afectados por el recorte de gastos tienen sindicato, uno se transforma en traidor. Si es un grupo con influencia, van a conseguir que te llamen para interceder 4 diputados y 5 amigos de la infancia, todos con excelente argumentos de porque no deberías decidir así sino asá. Si los afectados tienen un grado más de influencia, harán que salga una nota en un diario, donde se insinúa que la iniciativa que estás por llevar adelante no tienen otro propósito que beneficiar a tu cuñado. Sólo la buena fe te saca del paso y te mantiene en el rumbo.
Si no hay una fuerte vocación de servicio, sonaste, la realidad te va a doblar el brazo y vas a transitar por el camino que tenga menos amenazas.

"De este lado del río somos lo que somos, del otro lado somos los que nos gustaría ser" dice Jaime Roos.
 
Pienso igual que vos Jaime, pero a la inversa.

jueves, 4 de noviembre de 2010

La Final

Una de las cosas que caracteriza a un deportista profesional es la noche anterior a una final. El partido se juega mil veces en la mente, se gana y se pierde. Se elabora la estrategia y la táctica, la defensa y el ataque, la contra-estrategia, los imponderables del juego. Se sueña el final perfecto, la jugada superlativa, el resultado ideal. Brazos en alto, la copa, los aplausos y la gloria en las manos.

El sueño no se concilia. Hay hipervigilancia y ansiedad. El cuerpo está en una tensa calma.

Llega el partido. Nada de lo imaginado es igual a lo que acontece. Todo parece más fácil o más accesible. O espantosamente difícil, porque ese día no sale nada.

Uno se ha entrenado miles de horas, y sabe perfectamente que es lo que tiene que hacer y como hacerlo. Sin embargo, el resultado es una incertidumbre. Esa incertidumbre es la que nos hace jugar el partido en la mente mil veces. Porque solamente allí podemos controlar todas las variables y evitar el riesgo de "salir a jugar".

Luego de muchos años de deporte profesional y de miles de partidos jugados en la cabeza, uno termina comprendiendo que el partido real es el único partido posible. El deportista que sale a ganar, generalmente pierde, porque se olvida de jugar. Y el deportista que cree que va a perder, también pierde, porque se olvida de jugar.

Concentrarse en como será el resultado es un error imperdonable.
Se trata, en cambio, de "salir a jugar" en todo: el deporte, el trabajo, la pareja y la vida.
Hay que salir de la mente.
Hay que salir a jugar.

martes, 5 de octubre de 2010

La otra cara del crimen

Con lo Virtual, no sólo entramos en la era de la liquidación de lo Real y de lo Reverencial, sino también en la era del exterminio del Otro. Es el equivalente de una purificación étnica que no sólo afectara a unas poblaciones concretas, sino que se encarnizará con todas las formas de alteridad.

La de la muerte, que se conjura con la terapia de mantenimiento artificial.
La del rostro y el cuerpo, que es acosada por la cirugía estética.
La del mundo, que se borra con la Realidad Virtual.
La de cada uno de nosotros, que será abolida un día con la clonación de las células individuales.
Y pura y simplemente la del otro, en vías de diluirse en la comunicación perpetua.

Si la información es el lugar del crimen perfecto contra la realidad, la comunicación es el lugar del crimen perfecto contra la alteridad.

Se acabó el otro: la comunicación.
Se acabó el enemigo: la negociación.
Se acabó el predador: la buena convivencia.
Se acabó la negatividad: la positividad absoluta.
Se acabó la muerte: la inmortalidad del clon.
Se acabó la alteridad: identidad y diferencia.
Se acabó la seducción: la indiferencia sexual.
Se acabó la ilusión: la hiperrealidad, la Virtual Reality
Se acabó el secreto: la transparencia.

Se acabó el destino.
El crimen perfecto.
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"El crimen perfecto" de Jean Baudrillard

domingo, 26 de septiembre de 2010

El Rati Horror Show

Enrique Piñeyro, con su tono monocorde, nuevamente nos sacude el árbol con su nueva película "El Rati Horror Show". Se trata de un documental que apunta a señalar las atrocidades que se cometen en nombre de la Justicia. Esa misma justicia que sentenció y condenó a Fernando Ariel Carrera a treinta años de prisión en el penal de Marcos Paz, por lo que fue conocido como la "masacre de Pompeya". El film deja a las claras que no hay una sola prueba que vincule a Carrera con dicha masacre y más bien pone sobre la palestra el prontuario mafioso y delictivo de la Policía Federal, los jueces de la causa y el rol del Estado Nacional.

"...Carrera es el clásico ciudadano de manual del alumno bonaerense que se casó con la novia del secundario, tuvo tres hijos, una gomería a su nombre, el auto, seguro y patente al día. ¿De dónde viene entonces lo del “raid delictivo”? ¿De qué me están hablando? Acaba de dejar a los chicos en lo de la abuela…todavía están los dibujitos de los pibes en el auto… Aquí la manipulación de la prueba es una cosa horripilante".

"...en definitiva, lo que más me impactó fue la tergiversación, por parte de los jueces, de los dichos del testigo. Ese es un delito grave cometido con una impunidad que vos te decís: “Pero, ¿nunca se pensaron que alguien iba a cotejar la grabación de los testigos contra lo que ellos escriben?” A ese nivel de impunidad se manejan jueces de la Nación".

"Hay uno que dice: “No pudo justificar su presencia en el lugar”, y el artículo 14 de la Constitución te habilita para circular libremente, etc. ¿Cómo vas a tener que justificar, por ejemplo, tu presencia en Montevideo y Santa Fe? Si, en cambio, te encontraran en una habitación con un tipo con tres puñaladas… bueno, ahí ya cabe preguntar: “¿Qué estás haciendo aquí?” Pero, en la vía pública... francamente".

"A Carrera le plantan el mismo abogado que defendió a los asesinos de Ezequiel Demonty (el chico que obligaron a tirarse al río curiosamente los mismos policías de la 34)… entonces, seriamente, me parece que son señales muy graves y si encima se insiste, desde el Gobierno, en echarle la culpa a la Justicia por la inseguridad, te estás olvidando de varias cosas. Punto uno: que la Justicia interviene una vez cometido el delito. Está en el fondo de la cadena en la que vienen educación, prevención, detecciones. El asunto se agrava en la última parte. Te estás olvidando de que Oyarbide es tu juez favorito. Un juez que está investigado por tres jueces federales por cohecho agravado, enriquecimiento ilícito y amenazas. Lo salvó la bancada peronista y ahora es “tu” juez favorito. Y te estás olvidando de que forman parte de un gobierno que ha desconocido ostensiblemente dos fallos de la Justicia. Uno de ellos, de la Corte Suprema, ordenando restablecer en su puesto al procurador general de Santa Cruz. Y después, ¿le vamos a echar la culpa de la inseguridad a la Justicia?"

sábado, 18 de septiembre de 2010

Limpiavidrios

Un chico de unos 11 años se acerca al auto y me ofrece limpiar el parabrisas. Le hago el gesto habilitando la acción que le garantizará una moneda. Son dos minutos de empeño, de desesperación por hacerlo bien, de lograr la transparencia deseada. El semáforo lo apura y no puede completar su trabajo a la perfección. Le doy dos pesos, me sonríe y dice: "Que Dios lo bendiga Señor". "A vos primero" le contesto.

Me voy con esa sensación de haber ayudado y con el vidrio un poco más limpio de lo que estaba. Al instante me percaté de que esos chicos no están limpiando los vidrios de nuestros autos, sino la tierra que llevamos en los ojos. Quieren que veamos, que dejemos de mirar para otro lado, que nos percatemos que aún hay voluntad por salir adelante.

Mucha gente se pone muy nerviosa y angustiada cuando los limpiavidrios se abalanzan sobre sus autos, y en general se amparan en la inseguridad, en ideologías políticas o en cuestiones de clase. Pero la reacción se debe al miedo. Miedo a tener que hacer contacto con la realidad.

¿Y si fuéramos nosotros los que estuviesemos del otro lado del parabrisas?

domingo, 29 de agosto de 2010

¿Por qué somos empleados?

"...Como en la escuela, nada me era explicado. Cuando tropezaba con dificultades en alguna tarea, se me decía que "me fijara como se había hecho la última vez". Luego de un tiempo surgió una vacante como cajero principal, la cual me fue asignada.

Pero no ponía el corazón en el trabajo. Jamás hice un pago sin la esperanza de no tener que volver a hacerlo. Odiaba mi puesto y mi trabajo. Pero ¿qué es lo que convierte a un hombre en empleado?

Es imposible hacer un empleado de un beduino, pero es sumamente fácil conseguirlo con un inglés. Lo único que es preciso hacer es dejarle caer en una familia burguesa, darle un padre que no pueda mantenerle, ni darle un capital para iniciarse, ni llevar su educación más allá de la lectura, escritura y aritmética, pero que se sienta deshonrado si su hijo elige la profesión de mecánico. En tales circunstancias, ¿ qué puede hacer el pobre diablo sino convertirse en empleado?

Y yo tambien me convertí en uno, hasta que decidí renunciar en 1876 y viajar a Londres para buscar otro destino."
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Las palabras son de George Bernard Shaw, quien claramente encontró otro destino.
Extraído de su libro "Dieciseis esbozos de mi mismo".

miércoles, 18 de agosto de 2010

Ortografía

No sé si ustedes lo han notado, pero he comenzado a naturalizar los errores de ortografía como algo común en los demás. Más aún, ya se me ha hecho costumbre escuchar esa tendencia a justificarse de los errores con la frase: “Es que yo con la ortografía soy malísimo”.

No hablaré aquí de la gente que no ha podido acceder a la educación, ese gran grupo de seres humanos que ha alcanzado la miseria absoluta con la ayuda desinteresada de nuestros prestigiosos mandatarios. Esa clase popular está destinada al olvido literal y simbólico con una crueldad sostenida que trasciende a cualquier partido político. Hablar mal es signo de pensar mal (entiéndase a nivel abstracto) y ese es un terreno fértil para cualquier político mediocre.

Pero quiero referirme aquí a todos aquellos que han tenido la suerte de acceder a una educación secundaria y universitaria. “Profesionales” que escriben palabras como: yegando, llendo, convinar, ciensia, abilidad, companía, a ver (en lugar de haber). No hablemos de los acentos, de las comas o los puntos, de redactar una oración con significado o de no redundar. Ni soñemos con encontrar una frase alusoria o metafórica, eso ya sería demasiado.


¿Cómo puede ser que un profesional graduado a nivel universitario tenga faltas de ortografía? Es inadmisible. Si una persona no ha podido acceder a la educación y tiene faltas de ortografía, es algo absolutamente entendible y lógico. Pero una persona que se jacta de su título, de su cargo en una empresa y de su nivel de profesionalismo; no le perdono bajo ningún aspecto la comunicación mediocre, pobre en cuanto a significados, plagada de errores y redundante.
Convengamos que nadie sabe las noventa mil palabras del diccionario. Palabras como adamantino, risueño, absorto, anacrónico, hálito, zozobra; ¿cuánta gente sabrá qué significan? ¿cuánta gente sospechará que pueden llegar a significar? Y más aún, ¿por qué a nadie le interesa saberlo?

Una solución a este problema se encuentra en la lectura y el uso del diccionario. Pero también está en el sistema educativo (público y privado), el cual por no entorpecer el camino profesional de sus alumnos, hace vista gorda sobre la barbarie ortográfica que perpetran y sólo se focalizan en los aspectos técnicos memorizados, los cuales repiten como loros sin parar. Desde mi punto de vista, una fórmula química tiene la misma importancia que una regla ortográfica, un artículo de la ley que el uso de la H, una liquidación de impuestos que los sinónimos para evitar redundancias.

Somos un país que está educado para el cuatro, para zafar, para la trampa, para aprobar con el menor esfuerzo. Por eso se condena al genio, al distinto, al que sobresale. Y el que escribe bien, automáticamente se convierte en alguien “complicado”. Esa complejidad enerva, porque hace evidente la miseria linguística en la cual se mueve el resto.



Refugiarse en la frase “Lo que pasa es que soy malísimo en ortografía” habla más de un mediocre que de un ignorante. Un ignorante simplemente diría: “No lo sé”. El mediocre –en cambio- se justifica desde su propia falta de interés por querer superarse.



Desde la ignorancia podemos incorporar conocimientos, aclarar dudas, arrojar luz sobre ciertas temáticas y fomentar el espíritu crítico e indagatorio.

Desde la mediocridad, en cambio, nunca surgirá una sola idea interesante.