domingo, 24 de junio de 2012

Saber Esperar

“¿Seré amado?” es una pregunta alternativa: todo o nada.

No concibo que las cosas maduren, que sean sustraídas a la oportunidad del deseo.

¿Quién está enamorado?: El que espera.

A veces quiero jugar al que no espera; intento ocuparme de otras cosas, de llegar con retraso; pero siempre pierdo a este juego: cualquier cosa que haga, me encuentro ocioso. La identidad fatal del enamorado no es otra más que esta: yo soy el que espera.

Un mandarín estaba enamorado de una cortesana: “Seré tuya, dijo ella, cuando hayas pasado cien noches esperándome sentado sobre un banco, en mi jardín, bajo mi ventana. Pero, en la nonagésimonovena noche, el mandarín se levanta, toma su banco bajo el brazo y se va.”

De todo consejero, sea cual fuere, espero que me diga: “La persona que usted ama lo ama y se lo va a decir esta noche.”

De modo profético alguien llama y dice: "te amo".
Pero no es precisamente a quién esperábamos.


Edición personal de "Fragmentos de un discurso amoroso" (Roland Barthes)

sábado, 16 de junio de 2012

Discursos amorosos I

Encuentro en mi vida millones de cuerpos, de esos millones puedo desear centenares, pero de esos centenares, no amo sino uno. El otro, del que estoy enamorado, me designa la especificidad de mi deseo.

Han sido necesarias muchas casualidades, muchas coincidencias sorprendentes (y tal vez muchas búsquedas), para que encuentre la Imagen que, entre mil, conviene a mi deseo.

¿Por qué deseo a Tal? ¿Por qué la deseo perdurablemente, lánguidamente? ¿Es toda ella lo que deseo? ¿O no es sólo más que una parte de su cuerpo?

Y en ese caso, ¿qué es lo que, en ese cuerpo amado tiene vocación de fetiche para mí? ¿Qué porción, tal vez increíblemente tenue, qué accidente? ¿El corte de una uña, un diente un poco rajado, un mechón, una manera de mover los dedos al hablar?

De todos estos pliegues del cuerpo tengo ganas de decir que son adorables.
Adorable quiere decir: “Este es mi deseo, en tanto que es único”.

Fragmentos de un discurso amoroso (Roland Bathes)
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El sexo nos vacía, nos libera, nos descarga. 
El amor nos llena, nos ata, nos sobrecarga.
El sexo se tiene, pero el amor se construye.
Y el amor sólo puede construirse en el juego de dos psíquis: sus ideales, sus modelos, sus mandatos, sus demandas, sus histerias y sus obsesiones.
En el amor se elige, se cataloga, se reconoce al otro en un lugar de privilegio.
Sólo en el amor puedo sentirme "único", porque solamente "yo" puedo decir "te amo".
¿Pero que significa sentirse el "unico"?
¿Quién será el "yo"? 
¿Y a quien le diremos "te amo"? 








viernes, 8 de junio de 2012

Rompiendo el silencio

Dice Onetti que si uno va a hablar debe procurar que sus palabras sean más interesantes que el silencio.

Luego de varios meses de ausencia – si es que uno está presente en algún lado- decido retomar el infructuoso camino de la palabra con el fin de mejorar mi silencio.

Es interesante pensar que el “silencio” se diga con palabras; y que al nombrarlo, caigamos irremediablemente en una negación. Paradoja estúpida, pero irrefutable. Los límites del lenguaje, diría Wittgenstein.

El silencio -por ende- para ser tal, no puede decirse. Es algo que solamente pertenece al campo de la experiencia, de la sensación, de la percepción. Y experimentarlo es un camino individual que nos obliga a negar la construcción de significados.

Estar en silencio permite que el “ser” aflore en toda su esencia. Nos permite (re)plantearnos la vida. En el silencio solamente hay lugar para las preguntas. La palabra - en cambio- sentencia, argumenta, explica, responde.

Rompo entonces el silencio con palabras que no lo mejoran, pero que intentan buscar una forma de decir calladamente, con más peso, con más profundidad...y con menos palabras.

Todos tenemos dos vidas: la de las palabras y la del silencio.
¿Cuál será la verdadera?

domingo, 4 de diciembre de 2011

Una calle me separa

Presenciar una separación de pareja en vivo y a plena luz del día, es una situación que pocas personas pueden experimentar.
Hoy fui testigo exclusivo de dicho acontecimiento y debo confesar que el hecho me disparó dos sensaciones: por un lado la lógica curiosidad que nos despierta el escándalo público y por otro lado el recuerdo de las propias relaciones que no terminaron bien, aunque hayan sido más discretas y menos violentas.
Volviendo a lo acontecido: la dama tendría unos 30 años, bien parecida y muy bien vestida para ser un domingo. El caballero la seguía con ritmo cansino, la cabeza erguida y casi sin acusar recibo de lo que comenzaba a originarse.
Ella comenzó a subir el tono de voz y los transeúntes reconocimos que el show había comenzado. No llegue a comprender muy bien que era lo que le decía, pero el lenguaje corporal y el registro vocal sostenido delataban sus intenciones de queja y enojo. 
El joven trataba de contenerla con cierta displiscencia y diciéndole que "no hiciera show".
Estas palabras provocaron la ira descontrolada de la señorita, quien perdiendo todos sus cabales, comenzó a caminar más rápido y a pegar unos alaridos bastante desprolijos.

Si bien me encontraba a unos metros de la batalla, en ningún momento pude advertir el motivo central que promovió la disputa. Lógicamente pensé en dos opciones:
1) La del novio infiel que intenta la gesta heroica (y pelotuda) de contárselo para hacerse el honesto; o 2) Le dijo que no la amaba más, que no quería casarse y que necesitaba "un tiempo".

Más allá del motivo, esa mujer estaba absolutamente desquiciada. Nunca en mi vida vi una dama tan fuera de eje en público y pensé:
¿Es necesario hacer todo este show y gritar el descontento?
¿De dónde proviene esa ira incontrolable que a algunas personas les quita el principio de realidad?
¿Se trata de gente muy pasional e instintiva que no puede controlar sus emociones?

Claro, uno puede entender la necesidad del desahogo ante un comportamiento estúpido del otro o de querer insultarlo desde las entrañas, pero presiento que en esos comportamientos tan enajenados e histéricos está la paradoja.

La persona que no puede asimilar los golpes de la vida sin tener que gritárselo a toda la cuadra, no sólo padece de inmadurez emocional sino también de un idealismo bastante utópico para los tiempos que vivimos.

La discusión finalizó en una escena extraordinaria cuando él se acerco a decirle algo al oído y ella gritó con todas sus fuerzas y procurando que todos escuchemos: "Noooooooooooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!"

¿Qué le habrá dicho para generar semejante negativa?
Lo cierto es que a todos nos quedó claro que NO. Cuando es NO, es NO.
NO había chances, NO había proyecto y definitivamente NO eran el uno para el otro.

Al llegar a la esquina todavía intentaban mostrarse como una pareja en crisis que pugnaba por conseguir el milagro de la perdurabilidad.
Aunque sea juntitos unos minutitos más.
Pero ella cruzó la calle, se subió a un taxi y desapareció.

El quedó detenido en la esquina, con la mirada clavada en un semáforo inexistente y con la sensación de no haber dicho las palabras justas para retenerla a su lado.
Luego miró el cordón de la vereda y pensó: "La pareja disfuncional es como una maratón de 42 kilómetros. Cuando llegas al límite de tu esfuerzo, no escuchás los gritos ni te importan las escenas ridículas.  Ni siquiera te quedan fuerzas para correr un taxi que lleva a alguien que decías amar pero que jamás conociste."

sábado, 19 de noviembre de 2011

Cárcel

Si dañas la cárcel, dañas al cautivo.
Si sacas al prisionero, también traes al guardia consigo.
Si tocas al secuestrador, pones en peligro la víctima.

Cada ser humano vive en una prisión.
La prisión es él mismo; y él es también su propio guardián.

Ya que el carcelero es el propio prisionero y la prisión, no resulta sorprendente que haya tan pocas fugas, y que los rescates resulten tan raros.

Idries Shah

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Disciplina Sajona

Otra anécdota del squash está vinculada a la puntualidad. El día que comencé a entrenar con Neil Harvey en Inglaterra tuve que aprender algunas reglas básicas de convivencia y profesionalismo. La que más recuerdo está vinculada con el respeto al horario, y por ende, el respeto al otro.

Los entrenamientos comenzaban a las 10.30 de la mañana, lo cual implicaba llegar a las 10.00 para realizar la entrada en calor y los ejercicios de elongación. Harvey me había dejado claro que en caso de llegar tarde habría que pagar con una multa física, la cual consistía en hacer 10 largos en la cancha por cada minuto tarde.
Fue así que al segundo día de entrenamiento, uno de los jugadores extranjeros -recuerdo que era malayo- llegó al club a las 10.44. Ni bien ingresó al área de las canchas ya sabía que estaba condenado a realizar 140 largos sin parar y delante de sus compañeros de entrenamiento.
Neil simplemente lo miró con una expresión que sintetizaba la lástima y la risa, denotando que el rigor inglés no era una teoría. El malayo comenzó a correr mientras Harvey le decía desde afuera: "Come on buddy, push harder" ("Vamos amiguito, más fuerte"). Mientras tanto, observábamos la cara de sufrimiento del oriental y como sus dos piernas iban tomando la rigidez de las Torres Petronas.
La situación reflejaba una mezcla de rigor, humillación, respeto y orgullo. Es difícil explicar lo que se siente realizar 140 largos sin parar, pues es una mezcla de tortura, dolor, ganas de vomitar, mareo, hinchazón y petrificación muscular, agotamiento psíquico y desborde emocional.
"...138, 139, 140!" gritó Neil y el malayo se desplomó en el piso, colocando inmediatamente sus piernas hacia arriba para que la sangre comenzara a fluir por su cuerpo. Luego dió comienzo al entrenamiento con la siguiente frase: "Muchachos, si quieren ser profesionales exitosos empiecen por llegar en hora. Aquí no venimos a divertirnos."

Esa situación me marcó no sólo por la cuestión explícita de respetar el horario y a los demás; sino porque refleja una de las grandes diferencias que existen entre los sajones y los latinos en la práctica de este deporte y de otras disciplinas: la conducta. Mientras nosotros creemos en el talento y el milagro, ellos se aferran a la conducta y al rigor.

¿Cuál es la fórmula correcta?
Probablemente un mix de ambas, pero hace siglos que -misteriosamente- los rankings están de su lado. 

lunes, 26 de septiembre de 2011

Estadísticas

Si en el mundo hubiera solamente 100 personas:

1) 48 serían hombres y 52 mujeres, pero las mujeres están cada vez más cerca de convertirse en hombres. 
2) 70 serían adultos y 30 niños, pero los niños se comportan como adultos y los adultos se dejan dominar por completo por esa minoría.
3) 10 serían homosexuales y 90 heterosexuales, pero el lobby tiene buena prensa y en cualquier momento diremos que es normal la aparición de la "monja travesti".
4) 86 sabrían leer y 14 no sabrían, pero qué leen los que saben y que cargos ocupan los que no saben.
5) 61 serían asiáticos, 13 serían americanos, 13 serían africanos, 12 serían europeos y 1 sería oceánico; lo que demuestra que las batallas no se ganan por la cantidad de soldados. 
6) 1 tendría estudios universitarios y 99 no los tendrían, pero los emprendimientos y empresas más exitosas del mundo fueron creadas por gente sin estudios.
7) 50 comerían todos los días, 30 siempre tendrían suficiente comida, 20 sufrirían desnutrición, 15 tendrían sobrepeso y 1 moriría de hambre; pero el mundo no será justo hasta que salvemos a ese que se muere.
8) 70 serían de color y 30 serían blancos, pero fueron los blancos los que escribieron la historia.