Esta es la perfecta imagen de la llegada o la partida -lo mismo da- pues uno nunca termina de saber si se está yendo de un lugar o llegando a otro. Lo cierto es que casi no estamos en ninguna parte, y esta lente nos posiciona en un "no-lugar" con Buenos Aires como única referencia.
¿Será acaso imposible dejar Buenos Aires? ¿Estaremos acaso volviendo una y otra vez aunque nunca nos hayamos ido?
En la imagen se observa mucho más que el imponente Río de la Plata, el perfil diminuto de la ciudad y el atardecer que cubre con un manto de fuego el horizonte. Este es un perfecto cuadro que nos transmite una herida existencial, la de la artista y la nuestra.
Detrás de esta cámara se oculta una enorme profundidad y sensibilidad, un vasto universo que se encuentra a miles de kilómetros de la superficie.
Aquí hay algo del orden de lo no dicho, ¿qué es lo que no se dice en esta imagen? ¿qué es lo que no se nos cuenta? ¿cual es el significado que debemos otrogarle?
Nuestro inconsciente y nuestra propia historia personal dirá si vemos paz, armonía, fuerza, distancia, ausencia, vacío, melancolía o esperanza.
Más allá de las subjetividades de cada espectador, hay aquí una verdad.
Una contundente e indiscutible verdad: la maravillosa construcción de significado que sólo puede existir entre una artista sensible y un espectador con fé poetica.
Esta foto es el tango de nuestra identidad, de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que nunca podremos ser.
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Gracias F. B.
lunes, 15 de octubre de 2012
domingo, 14 de octubre de 2012
Frases para no amar
La experiencia amorosa no sólo debería servirnos para disfrutar, sino también para aprender a leer con mayor profundidad algunos mensajes que nada tienen que ver con el amor.
Son frases que pretenden justificar el vínculo amoroso a cualquier precio, pero en realidad encierran un profundo miedo a comprender que todo amor tiene fin y que es necesario frustrarse para re-comenzar una y otra vez.
Aquí va un listado de las frases que más he escuchado:
- "El amor todo lo puede". Mentira. El amor todo no lo puede, pues si todo lo pudiera no existiría el sufrimiento amoroso, el divorcio, la distancia o la ausencia. El amor puede algunas cosas, con algunas personas y por algún tiempo. La gente que suele creer en esta premisa nunca hace nada para que sea verdadera.
- "Dejaría todo por vos". Error. Dejar "todo" por alguien no tiene nada que ver con el amor, sino con la obsesión, la sumisión y el autosacrificio. Si uno deja "todo" por alguien, entonces se dirige a la "nada" y en la "nada" generalmente no hay "nada". Dejar "todo" hace que la pareja sea asimétrica, pues mientras uno da, el otro goza del beneficio cómodamente.
- "Si me dejás me mato". Frase harto repetida por los amantes psicópatas. Nada que ver con el amor, todo que ver con la manipulación. Hay que dejarlos que se maten, porque sino nos terminamos matando nosotros.
- "Amar es sufrir". Falso. El amor no puede implicar sufrimiento. Mucha gente sostiene su "amor" en base a dolores y angustias. Eso que sostienen no es el amor, sino la idealización romántica, la comodidad, el status quo o la conveniencia.
- "Se fue con otro, pero yo sé que me ama a mí". Creencia falsa que se escucha en personalidades narcisistas. Si la persona que amamos se va con otro/a, ¿adónde está el gesto de amor? ¿En la partida, en la ausencia, en las palabras? El que se va no nos ama. No hay que justificar discursos, sino conductas.
- "Te amo. No soporto la soledad". El peor de los engaños. La gente que no puede estar sola suele confundir el amor con la compañía, el cariño con la estima, la pasión con el aprecio. No saben como tapar su vacío existencial y entonces dicen que aman al primero que se les cruza. No lo aman, peor aún; ni lo sospechan.
- "Vos no te jugaste por mí". Demanda infantil e idealista. ¿Cómo una persona puede jugarse por alguien antes que por si mismo? ¿Por qué hay gente que pretende que el otro se juegue por ellas/os? ¿Cuál es su grandiosa idea del "yo" como para que el otro se auto-aniquile y los elija? La prueba de amor, a veces es demasiado pretenciosa y poco realista. Esa demanda no proviene del amor, sino del egocentrismo, el temor a ser abandonados o la inmadurez.
- "¿No sentís celos por mi? ¿No me amas?". Confundir el celo con el amor es incorrecto. El celo es posesivo y enfermizo. El amor, todo lo contrario. Hay gente que sólo puede sentirse amada cuando es celada. Esa gente no recibe amor, sino control de sus conductas.
- "Todo o nada, no hay grises". La solución facilista de los extremistas. El amor precisa de articulaciones y puestas en común, diálogo, construcción conjunta y tolerancia. En el maniqueismo del "todo o nada" siempre gana el mismo lado: la nada. Y perdemos nosotros: el todo.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
La Muerte Blanca
Con "La Muerte Blanca" me refiero a la inexplicable muerte de Blanca Vicuña y de todos los chiquitos anónimos que dejan esta vida día a día.
Recuerdo que a los 6 años comenzaba a torturarme la idea de que algún día no estaría más en este mundo. Era espantoso, escalofriante y demoledor el hecho de tomar conciencia que el "ser" podía "no ser". ¿Adónde iba a ir después de esta vida? ¿Cómo puede ser que toda esta plenitud de la infancia quedara en la nada? Era la angustia del vacío existencial.
Ese momento en que los chicos tomamos conciencia de la caducidad del cuerpo, la vida deja de ser apasionante y se transforma en una lucha contra el tiempo, una pelea a muerte contra las enfermedades, un desgastante estrés por lo desconocido y una negación permenente de la muerte.
Sin embargo, cada persona conocida que se nos muere hace que esa idea vuelva una y otra vez a la conciencia. Nos recuerda que estamos aquí de prestado, por una gran casualidad y con ninguna certeza a la cual aferrarnos. Ni el dinero, ni la profesión, ni la pareja, ni los hijos. Nada nos salva de la muerte, nada.
Dice Unamuno: "Lloraba Solón la muerte de su hijo. Un amigo se acerca y le dice:
-¿Por qué lloras, si sabes que es inútil?
-Por eso- contestó Solón- porque sé que es inútil."
En este caso la muerte nos muestra su peor faceta, la más repudiable y escalofriante. Es la que se identifica con el absurdo y con la pérdida irreparable. Los hijos no pueden morirse. No estamos preparados psicológicamente para afrontar semejante pérdida, no hay psicólogo ni terapia que logre extirpar esa herida que se llevará hasta la propia muerte.
Son duelos que dolerán por siempre. ¿Se sigue viviendo? ¿Se sobrevive? ¿Cómo se vuelve a reir después de semejante golpe? ¿Como se puede tomar en serio la vida después de semejante absurdo?
Quizás la respuesta podamos encontrarla en unas sabias palabras de Edgar Morin, quien en su libro "El hombre y la muerte" dice: "La muerte no es nada. Tras la muerte, todo termina, incluso la muerte. La muerte no nos concierne vivos porque no está allí, ni nos concierne muertos, porque entonces no estamos nosotros.
Puede decirse entonces que dados los peligros de muerte que implica toda vida que merece ser vivida, aquel que trate de evitar al máximo el riesgo de muerte para conservarse vivo el mayor tiempo posible no conocerá nunca la vida; el miedo o la mediocridad impiden vivir. El miedo a la vida, es miedo a la muerte y viceversa. Vivir es asumir el riesgo a morir."
Blanca ha vivido y ha asumido el riesgo. Y quien asume el riesgo, no muere, vive.
martes, 4 de septiembre de 2012
Universos pluralistas
-...resulta que tú y yo existimos bajo diversas formas, en numerosos universos diferentes. ¡Ahora mismo! Recordemos aquellas ocasiones, en el pasado, cuando las oportunidades de vivir o morir se equilibraban.
Por ejemplo, de niña enfermé de fiebre tifoidea y estuve a punto de morir. Recuerdo perfectamente el momento cuando llegué a la encrucijada: podía descender hacia la muerte o escalar la ladera de la recuperación. Naturalmente, la Himiko que ahora está contigo escogió el segundo camino. ¡Pero en ese mismo instante otra Himiko escogió el primer camino hacia la muerte!
Cada vez que te encuentras en una encrucijada entre la vida y la muerte, se abren ante ti dos universos: uno pierde toda relación contigo porque te mueres, el otro la mantiene porque en él sobrevives.
Este tipo de división celular universal también se produjo cuando mi esposo se suicidó. Yo lo sobreviví en el universo en el que murió, de hecho aquí estoy sin él; pero en otro universo donde él sigue viviendo sin haberse suicidado, otra Himiko vive allí con él.
El mundo que un hombre deja atrás cuando muere muy joven, y el mundo en el que se libra de la muerte, siguen coexistiendo… Los mundos que nos contienen se multiplican continuamente. Esto es lo que quiero decir cuando hablo de universo pluralista.
En tus veintisiete años de vida debes de recordar momentos en los que te has hallado en una posición dudosa entre la vida y la muerte. Pues bien, en cada uno de esos momentos, has sobrevivido en un universo y has abandonado tus cadáveres en otro.
-¿Y hay una muerte definitiva? Cuando fallas intentando escapar a otro universo y finalmente mueres en este mundo, ¿significa la muerte en todos los demás?
-Supongo que sí. De lo contrario, viviríamos hasta el infinito al menos en un universo. Probablemente la muerte definitiva se produzca por vejez, después de los noventa. Así, todos vivimos en uno u otro universo hasta que morimos de vejez en nuestro último universo. Parece justo, ¿verdad?
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"Una cuestión personal" de Kenzaburo Oe.
jueves, 30 de agosto de 2012
Cheng I
Su calendario no es el de los hombres, tiene sus propias perspectivas, sus propias escalas de valor; desprecia los plazos humanos, sometidos a intereses demasiado inmediatos, demasiado visibles.
El destino aparta a los hombres de sus precarios itinerarios, justo en medio de su caminar, para ponerlos en una senda imprevisible de la que no conocen ni la distancia ni la dirección."
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La voz de Tianyi - Francoise Cheng
sábado, 25 de agosto de 2012
Libro vs. E-book
Esta semana fue el día del lector y quise hacer una reflexión acerca de los libros y sus nuevos formatos. Pese a que el libro electrónico cobró fuerza en los últimos años, recaudando más de 2.000 millones de dólares en el 2011, la mayoría de los ingresos de las editoriales provinieron de libros impresos, cuya venta sumó 11.100 millones de dólares en el mismo año.
Si tuviéramos que pensar cuáles son las ventajas de los libros electrónicos podríamos señalar la comodidad del dispositivo, el acceso a todos los libros del mundo disponibles en la red y el enorme ahorro al no depender de que se talen árboles para hacer papel y se impriman miles de ejemplares que nunca se hojearán.
En la otra orilla nos encontramos los defensores del libro tradicional, quienes obtenemos placer no sólo por la lectura de sus hojas, sino también por el tacto, el olfato y la vista. ¿Cómo comparar al e-book con los libros de Rousseau, Alberdi, Nietzsche de la biblioteca de mi bisabuelo? ¿Cómo puede comprenderse lo que significa leer La Iliada, Moby Dick o La Montaña Mágica sin sopesar el libro en nuestras manos? ¿Qué placer puede obtenerse al leer poesías en una pantalla gélida e inexistente?
Como señala Karin Littau en su libro “Teorías de lectura” sobre la adicción al formato del libro: “…los hombres y mujeres que leen libros, que se levantan a la mañana con un libro en la mano y se van a dormir también con un libro, que se sientan a la mesa con él, lo tienen a su lado en el trabajo, lo llevan consigo en las caminatas y no pueden separarse de él hasta haberlo terminado. No hay ninguna adicción tan intensa como el lector hambriento de libros.”
En una de las últimas entrevistas realizadas al escritor mexicano Carlos Fuentes se le preguntaba si no le parecía horrible la idea de leer en una pantalla, en un libro virtual. A lo que Fuentes contestó: “¿Qué es eso? Yo no puedo leer en una pantalla. Yo necesito papel, tapas y el sentimiento físico de que tengo un objeto en la mano que es mío y me da algo. Porque ésa es la cultura del libro. La pantalla pues… allí suelo ver cine. El libro duerme contigo. Lo llevas de vacaciones. Yo amo el libro. El objeto-libro."
Evidentemente el e-book deberá romper un poderosísimo paradigma de lectura para lograr imponerse, pues el libro impreso no sólo está instalado en la estructura mental del lector sino que se ha tejido una relación fetichista con él.
Pero hay algo más y tiene que ver con nuestras bibliotecas personales. El hecho de poder contar con setenta mil volúmenes en un e-book no significa absolutamente nada, no hay nada de meritorio en eso. La biblioteca personal, en cambio, habla por nosotros; denota las elecciones que hemos ido realizando a lo largo de nuestra vida lectora, los esfuerzos que hemos hecho por comprender algunas autores y los escritores de cabecera a los que volvemos una y otra vez.
El e-book, como todos los progresos tecnológicos, ofrece como ventaja la posibilidad de tener todas las bibliotecas del mundo en un dispositivo minúsculo. Básicamente, la idea de la acumulación, de la ostentación, del alcance absoluto. Pero eso no tiene nada que ver con la lectura, sino con el capitalismo.
Cierro con palabras de Borges: “Yo sigo jugando a no ser ciego, yo sigo comprando libros, yo sigo llenando mi casa de libros. Los otros días me regalaron una edición del año 1966 de la Enciclopedia de Brokhause. Yo sentí la presencia de ese libro en mi casa, la sentí como una suerte de felicidad. Ahí estaban los veintitantos volúmenes con una letra gótica que no puedo leer, con los mapas y grabados que no puedo ver; y sin embargo, el libro estaba ahí. Yo sentía como una gravitación amistosa del libro. Pienso que el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos los hombres.”
Si tuviéramos que pensar cuáles son las ventajas de los libros electrónicos podríamos señalar la comodidad del dispositivo, el acceso a todos los libros del mundo disponibles en la red y el enorme ahorro al no depender de que se talen árboles para hacer papel y se impriman miles de ejemplares que nunca se hojearán.
En la otra orilla nos encontramos los defensores del libro tradicional, quienes obtenemos placer no sólo por la lectura de sus hojas, sino también por el tacto, el olfato y la vista. ¿Cómo comparar al e-book con los libros de Rousseau, Alberdi, Nietzsche de la biblioteca de mi bisabuelo? ¿Cómo puede comprenderse lo que significa leer La Iliada, Moby Dick o La Montaña Mágica sin sopesar el libro en nuestras manos? ¿Qué placer puede obtenerse al leer poesías en una pantalla gélida e inexistente?
Como señala Karin Littau en su libro “Teorías de lectura” sobre la adicción al formato del libro: “…los hombres y mujeres que leen libros, que se levantan a la mañana con un libro en la mano y se van a dormir también con un libro, que se sientan a la mesa con él, lo tienen a su lado en el trabajo, lo llevan consigo en las caminatas y no pueden separarse de él hasta haberlo terminado. No hay ninguna adicción tan intensa como el lector hambriento de libros.”
En una de las últimas entrevistas realizadas al escritor mexicano Carlos Fuentes se le preguntaba si no le parecía horrible la idea de leer en una pantalla, en un libro virtual. A lo que Fuentes contestó: “¿Qué es eso? Yo no puedo leer en una pantalla. Yo necesito papel, tapas y el sentimiento físico de que tengo un objeto en la mano que es mío y me da algo. Porque ésa es la cultura del libro. La pantalla pues… allí suelo ver cine. El libro duerme contigo. Lo llevas de vacaciones. Yo amo el libro. El objeto-libro."
Evidentemente el e-book deberá romper un poderosísimo paradigma de lectura para lograr imponerse, pues el libro impreso no sólo está instalado en la estructura mental del lector sino que se ha tejido una relación fetichista con él.
Pero hay algo más y tiene que ver con nuestras bibliotecas personales. El hecho de poder contar con setenta mil volúmenes en un e-book no significa absolutamente nada, no hay nada de meritorio en eso. La biblioteca personal, en cambio, habla por nosotros; denota las elecciones que hemos ido realizando a lo largo de nuestra vida lectora, los esfuerzos que hemos hecho por comprender algunas autores y los escritores de cabecera a los que volvemos una y otra vez.
El e-book, como todos los progresos tecnológicos, ofrece como ventaja la posibilidad de tener todas las bibliotecas del mundo en un dispositivo minúsculo. Básicamente, la idea de la acumulación, de la ostentación, del alcance absoluto. Pero eso no tiene nada que ver con la lectura, sino con el capitalismo.
Cierro con palabras de Borges: “Yo sigo jugando a no ser ciego, yo sigo comprando libros, yo sigo llenando mi casa de libros. Los otros días me regalaron una edición del año 1966 de la Enciclopedia de Brokhause. Yo sentí la presencia de ese libro en mi casa, la sentí como una suerte de felicidad. Ahí estaban los veintitantos volúmenes con una letra gótica que no puedo leer, con los mapas y grabados que no puedo ver; y sin embargo, el libro estaba ahí. Yo sentía como una gravitación amistosa del libro. Pienso que el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos los hombres.”
lunes, 20 de agosto de 2012
¿Qué es lo que duele?
En el duelo real (la muerte) es la “prueba de realidad” lo que me muestra que el objeto amado ha cesado de existir.
En el duelo amoroso, el objeto no está ni muerto ni distante. Soy yo quien decido que su "imagen" debe morir. Durante ese tiempo, me será necesario pues sufrir dos desdichas contrarias: sufrir porque el otro esté presente y entristecerme porque esté muerto.
El enamorado que no olvida a veces, muere por exceso, fatiga y tensión de memorias. La miseria amorosa es indisoluble: se debe sufrir o salirse, arreglar es imposible.
Lo que el sujeto ama es el amor y no el objeto. Si un día debo renunciar al otro, el duelo violento que me embarga es el duelo de lo Imaginario: era una estructura querida y lloro la pérdida del amor, no de tal o de cual.
A través de ese llanto quiero impresionar a alguien, hacer presión sobre él (“Mirá lo que haces de mi”). Lloro para probarme que mi dolor no es una ilusión, las lágrimas son signos, no expresiones. A través de mis lágrimas cuento una historia, produzco un mito del dolor y desde ese momento me acomodo en él: puedo vivir con él, porque, al llorar, me doy un interlocutor enfático que resume el más “verdadero” de los mensajes, el de mi cuerpo, no el de mi lengua.
El enamorado que no olvida a veces, muere por exceso, fatiga y tensión de memorias. La miseria amorosa es indisoluble: se debe sufrir o salirse, arreglar es imposible.
Lo que el sujeto ama es el amor y no el objeto. Si un día debo renunciar al otro, el duelo violento que me embarga es el duelo de lo Imaginario: era una estructura querida y lloro la pérdida del amor, no de tal o de cual.
A través de ese llanto quiero impresionar a alguien, hacer presión sobre él (“Mirá lo que haces de mi”). Lloro para probarme que mi dolor no es una ilusión, las lágrimas son signos, no expresiones. A través de mis lágrimas cuento una historia, produzco un mito del dolor y desde ese momento me acomodo en él: puedo vivir con él, porque, al llorar, me doy un interlocutor enfático que resume el más “verdadero” de los mensajes, el de mi cuerpo, no el de mi lengua.
Las palabras ¿qué son? Una lágrima dirá más.
Soy feliz, pero estoy triste.
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Roland Barthes - "Fragmentos de un discurso amoroso"
Roland Barthes - "Fragmentos de un discurso amoroso"
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