miércoles, 23 de febrero de 2011

Nada queda

Ya no queda palabra, ni oración, ni metáfora, ni rima
que venga en auxilio de este afán desmesurado
por encontrar un motivo singular, una lógica inefable
al complejo (des) amor, sus abismos y sus mares.

Inquietudes de la mente son certezas de un sentir,
que ahonda sus raíces en mis tierras ya resecas
de añorar tus gotas que nunca llegan, y que al llegar
no consiguen aliviar el yermo contenido de mi ser.

Ya no queda número, ni fórmula, ni religión, ni melodía
que puedan salvarme del vacío de tu ausencia,
que es un vuelo sin alas, sobre una ciudad que grita
tu nombre con las letras de mi nombre.

Retorno del latido monocorde a un corazón,
ya cansado de esperar esa otra pulsación, la tuya,
la que venga a revivirme de esta muerte aletargada
y me permita, finalmente, amar una certeza.

lunes, 21 de febrero de 2011

Ideal vs. Real

Fuimos educados para crecer en un mundo ideal, donde todo es producto de decisiones basadas en la racionalidad y el consecuencialismo. Si hacemos A seguramente obtendremos B. Somos resultadistas, predictivos, adivinadores, proyectadores y planificadores. Trabajamos en pos de objetivos que no son necesariamente nuestros y que pocas veces son realizables. Tratamos de que nuestros ideales encajen en la realidad, como lo hacía Procusto con su catre fatal.

Y entonces sobreviene la frustración, porque la realidad cambia y nosotros no. Empecinados en querer cumplir nuestros ideales (nobles y valederos), la realidad nos muestra que todo es un poco más complejo y que algunas cosas no dependen de nosotros. Educados en la moral de alguna religión, atados a la noción del pecado y la culpa, donde los estudios son garantía inexorable de un porvenir seguro, el trabajo debe ser un sacrificio espantoso e irrenunciable para poder "ser alguien el día de mañana", el casamiento como la forma más perfecta de amor y eternidad entre dos seres; todos ideales del siglo pasado para realidades del futuro ya presente. Herramientas oxidadas de museo que no aplican al mundo virtual e interconectado.

El verdadero problema -sin embargo- es donde ponemos las expectativas. Generalmente las colocamos del lado de los ideales, por ello el desencanto y el sufrimiento. Porque los dioses son relativos y un poco corruptos, la pasión y el deseo son mejores que la culpa, el estudio ya nos demostró que no garantiza absolutamente nada, el trabajo comenzó su reconfiguración hacia una actividad que obligatoriamente debe ser placentera y el casamiento es el comienzo del fin (me remito a las estadísticas).

Adaptación al cambio, capacidad de aprendizaje, flexibilidad, apertura, respuesta rápida ante lo inesperado. Estas son las capacidades que debemos comenzar a desarrollar para enfrentar la realidad con mayores recursos. Las expectativas deben comenzar a estar del lado de la realidad, del lado de lo posible, de lo que se puede hacer. Que el ideal sea el motor, la fuerza, el empuje por superarse; pero ya no la forma de vivir.

Nada va a suceder por más fuerza que hagamos, si es que no tenía que suceder.
La vida es lo que nos sucede, no lo que queremos que suceda.
La vida no es ideal, porque si lo fuera, deberíamos empezar por no morirnos.    

miércoles, 16 de febrero de 2011

Diez años

Un estudiante de artes marciales fue hasta su profesor y le dijo seriamente, “Soy un devoto al estudiar su sistema marcial. ¿Cuánto tiempo me tomará dominarlo?”.
La respuesta del profesor fue :“Diez años”.

Impacientemente, el estudiante replicó, “Pero quiero dominarlo mucho antes que eso. Trabajaré muy duro. Practicaré a diario, diez o más horas al día si es necesario. ¿Cuánto tiempo tomaría entonces?”
El profesor pensó por un momento y contestó: “Veinte años”.
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Historia Zen sobre la impaciencia.

miércoles, 26 de enero de 2011

Problemas

¿Por qué nos pasamos la vida resolviendo problemas? ¿Por qué la situaciones a resolver ya parten de una definición negativa como la de "problema"? ¿Por qué hay que llegar a un resultado todo el tiempo? ¿Por qué luego de llegar al resultado siguen los problemas ad infinitum?

Fuimos educados para resolver problemas. Nos plantean el enunciado y nos dan un tiempo determinado para resolverlo. Esto comienza en el jardín, se replica en toda la educación primaria y secundaria, la universidad se asegura de que podamos "resolver problemas" y los MBA nos dan una capacidad extraterrestre para la resolución de los mismos.
Docentes, jefes y clientes levantan pulgares o nos envían a los leones si el problema no se resuelve. Somos resolvedores de problemas, simples o complejos, propios o ajenos.
Problemas al fin.

La concepción de que estamos aquí solamente para resolver problemas, nos hace transitar la vida con una sensación negativa, frustrante, limitante. Hay un resultado: se alcanza o no se alcanza. El mercado laboral busca gente "orientada a resultados", pero creo que es una habilidad (o competencia) que debe caer en desuso. Considero que la "orientación a la pasión" es diez mil veces más poderosa que la orientación a resultados. Es pasar de una visión mecanicista a una visión profundamente humana. La pasión activa la motivación de forma intrínseca, en cambio un objetivo de ventas anual proviene del exterior y no tiene la misma fuerza que la pasión.

Somos algo más que resolvedores de problemas.
Los problemas, en realidad, no existen.
Lo único que existe es una desesperante necesidad por "resolver" y "solucionar".
Y ese es nuestro peor problema.

miércoles, 19 de enero de 2011

Des-Madres

Llantos, gritos, histeria, violencia física y verbal, transgresión permanente.
Todas conductas evidenciadas en los niños de nuestro tiempo por la lógica ausencia de límites. Poner límites implica trabajo y responsabilidad, dos cualidades notablemente inexistentes en los padres.
No saben como decirle que no a sus hijos, y si lo hacen, desconocen la forma para que el llanto no irrumpa en gritos ensordecedores y escenas dignas del mejor William Shakespeare.
Personas de más de 30 años dominados por completo por una mente de 3.
¿Cómo se explica esto?
¿Comodidad, negación del modelo duro de educación precedente, desinterés o ignorancia?
¿Será que los padres no quieren coartar la libertad expresiva de sus hijos, no quieren que crezca con negaciones y miedos, no quieren desarrollar neurosis incorregibles, quieren apoyar el modelo Piagetiano de educación?
No, nada de eso.
No tienen la menor idea de como enfrentar y educar a un pibe.
Así de simple.
Carecen de la más absoluta capacidad discursiva, actitudinal y psicológica para dominar una mente que apenas puede balbucear.
Claro está, que con el paso de los años, la vida se ocupará de hacerles comprender a estas indomables criaturas como funciona el universo.
El universo funciona con límites.
Como dijo Einstein alguna vez: "Dos cosas son infinitas, el universo y la estupidez humana. Y de lo primero no estoy seguro."
No tener límites no nos habla de un espíritu rebelde y liberal, sino más bien de un estúpido.
Mucho se habla sobre el problema educativo de la Argentina, pero poco se dice sobre esa otra educación que comienza en casa.
El sistema educativo, mediocre y perimido, recibe entonces hordas de animalitos que precisan gabinetes psciológicos, drogas sedativas, horarios triples para desgastar sus energías (porque siempre tienen que estar "haciendo algo") y maestras asediadas e insultadas.
Que nadie los desapruebe, que nadie los mande a Marzo, que nadie les ponga amonestaciones; no vaya a ser cosa que estemos atentando contra los derechos del niño.
Pero ya es tarde, porque ninguna institución puede corregir el daño efectuado.
¿Y cuál es el daño?
Gente absolutamente incapaz de incorporarse a nada ni a nadie, de respetar al otro, de supeditar su deseo a una situación o al deseo de otra persona, de comprender que se está en el mundo para interactuar con ciertas reglas y no con las propias, que callarse la boca es mucho más interesante que gritar todo el tiempo, que el capricho es una de las formas más elementales del pensamiento.

Vivimos épocas donde la mente inferior lo domina todo, invadiendo el espacio ajeno y destrozando el respeto por el otro.

Es simple: sólo hay que decir que NO.
Y si quedan consecuencias, que vayan al psicólogo cuando sean grandes.

viernes, 7 de enero de 2011

Exposición

El entorno 2.0 ha desatado la euforia por la expresión de emociones, ideas y vivencias intrascendentes. Todos nos cuentan como se sienten, que están haciendo, que problemas tuvieron durante el día, donde están y con quien se encuentran, que están comiendo, adonde se dirigen, como será su semana, etc.
Es el ápice de la exposición vacía. Es la irreductibilidad del pensamiento.
El mundo inmerso en un frenesí por notificar al planeta sobre cualquier gansada.
La necesidad desmesurada de sentirse querido a cualquier costo.

Siempre me pareció inentendible la gente que expresa absolutamente todo lo que le sucede, y más aún cuando en general no les sucede nada interesante.
Igualmente ahi están, notificándonos que se lastimaron un dedo, que van a comer ravioles de verdura, que la peluquera les cobró caro, que se sacaron una foto con Matías Alé, que se les murió el celu, que no llegaron a estudiar lo suficiente, que el novio es celoso, que se mojaron porque llovía y ese tipo de genialidades.

Desafíos de los años venideros:

1) Controlar las emociones
2) Callarse un poco
3) Escuchar hacia adentro
4) Pensar

Pasar casi inadvertido, de eso se trata.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Las Mascotas

Durante mi infancia desarrollé una fobia indescriptible hacia los perros. El lugar donde comenzó esa pánico fue en una quinta en Villa Elisa, donde muchos fines de semana visitabamos a un grupo de amigos de mis padres. La casa se encontraba plagada de canes de las más diversas razas: dálmata, ovejero alemán, boxer, doberman, etc.
Descender del auto era enfrentarse con la muerte y la única salvación era correr con todas las fuerzas posibles para escapar de esos cuadrúpedos salibantes.
Mis padres me decían que sólo querían jugar conmigo y que no me harían nada.
En mi mente, en cambio, la persecución era parte de un plan para devorarme.
Para contrarestar tal efecto rezaba para mis adentros un verso enseñado por mi abuela: "San Roque, San Roque, que este perro no me toque".
Era curioso, pero al hacerlo, las bestias se alejaban y me dejaban en paz.
Muchos años después comprendí que no se trataba del amparo de San Roque, sino de no demostrar ansiedad y permanecer quieto.
Hoy ya superada en gran parte la fobia, observo con curiosidad como existe un numeroso grupo de personas que ama a los animales. Un amor enfermo, obsesivo, fetichista. La mascota como objeto de deseo.
Los besan en la boca con más ímpetu que a sus propias parejas, los sacan a pasear por horas relegando actividades mucho más interesantes, los atienden en sus necesidades primarias como si se tratara de un hijo, les brindan el mejor alimento balanceado, los bañan con espumas y aceites.
Cuidado y devoción excesivo hacia los animalitos que tan bonitos son.
Más allá de que esta opinión provenga de un fóbico profesional hacia los animales, creo que algunas personas están un poco desequilibradas por sus mascotas.
Son los que se indignan cuando alguien comenta que no sienta absolutamente nada por un animal.
Son los que se pasan el día entero posteando grupos contra el maltrato animal en facebook.
Son los que no se van de vacaciones porque no saben con quien dejar la mascota.
Son los que entran en una profunda depresión cuando el animalito muere.
Son los que no les alcanza con un perro, entonces tienen nueve y de diferentes razas.
Creo que ninguna mascota siente absolutamente nada por sus dueños.
Son los dueños, quienes necesitados de afecto, de comprensión y compañía, los encadenan a sus miedos, necesidades y obsesiones.
Creen que porque el animal no los muerde los ama, aunque difícilmente el animal haya desarrollado una emoción tan compleja como el amor.
El hombre, en su necesidad de amar, proyecta sus necesidades a la pobre alimaña que poco le interesan los desengaños del corazón humano.
Miguel de Unamuno en su magistral obra "Del sentimiento trágico de la vida" nos alecciona al respecto:  "El hombre, dicen, es un animal racional. No sé por qué no se ha dicho que es un animal afectivo o sentimental. Y, acaso, lo que de los demás animales le diferencia, sea más el sentimiento que la razón. Más veces he visto razonar a un gato que reír o llorar. Acaso llore o ría por dentro, pero por dentro acaso también el cangrejo resuelva ecuaciones de segundo grado."

¿Qué pensarán los animales, no?
Me refiero a las mascotas.