domingo, 24 de febrero de 2013

El Negocio de la Felicidad

Se vende a sí mismo como un “…autor de exitosos libros de superación personal con gran repercusión en ventas, público y crítica”. Como si esta risueña auto-adulación no fuera suficiente, se considera como “alguien que posee una aguda mirada, un don particular para el análisis sobre el mundo, la vida y las circunstancias por las que las personas deben atravesar.” ¿Qué quedaría entonces para Einstein, Newton, Shakespeare o Freud?
 
Como para colmar esta absoluta falta de vergüenza, dice haberse convertido en “un hombre de consulta de personalidades y empresas en Argentina y Latinoamérica”. Esto deja a las claras que lo que sobra son consultas y lo que falta son consultores.
 
No es necesario que diga su nombre, porque en estas auto-definiciones podemos reconocer a todos aquellos “gurúes” que se creen poseedores de una verdad, de una teoría desconocida, de un camino ideal para alcanzar la plenitud, de un don natural para acercar a la gente a la felicidad absoluta.
 
Sólo voy a decir que este iluminado no sólo ha logrado escribir dos libros, sino que también ha podido venderlos, lo cual no habla muy bien de los lectores. En las redes sociales, cuenta con más de cinco mil seguidores que se encuentran absolutamente subyugados y agradecidos por haber encontrado la clave para ser felices.
 
Parece ser que la fórmula de su rotundo éxito es hablar de cosas obvias en su programa de televisión, con un tono muy pausado y poniendo cara de científico, como si estuviera explicándonos la expansión del universo y la materia galáctica.
 
A continuación, algunas frases textuales que me parecen perfectas para graficar esta crítica:
 
1) Todos tenemos luces y sombras.
2) Existen muchas personas que desconocen como subir una escalera que existe, pero en principio es invisible.
3) Cada esfuerzo renovado, cada nuevo intento, generará tu nueva piel.
4) ¿Se puede experimentar simultáneamente tristeza y alegría por temas diferentes?
5) El que debe dirigir tu vida eres tú y no tus personajes o fantasmas.
6) Hay personas que tienen sueños y su problema es hacerlo realidad.
7) Hay personas que no saben que tienen sueños y su problema es descubrirlos.
 
Siempre creí que la comprensión de la problemática humana requería mucho más que recopilar historias de vida y escribir frases obvias. Para lograr tener una aproximación a la complejidad del ser humano debemos ser analíticos, estudiosos, amantes de la complejidad, incrédulos y un tanto suspicaces ante cualquier salida fácil.
 
Si los problemas de los seres humanos apenas pueden ser comprendidos por quienes los padecen, ¿cómo puede alguien decirles con dos frases qué es lo que deben hacer para ser felices? ¿Cómo puede ser que con un libro y un programa de televisión, la gente se entregue de un modo fanático e irracional a un camino que no lleva a ninguna parte? ¿Por qué la gente necesita que le digan rápido y sin dificultad lo que quiere oír, para ser feliz de una vez por todas? ¿Por qué se niegan a pensar con mayor profundidad y compromiso el camino que la vida les ha deparado?
 
Tal vez sea porque hace muchos años han arraigado esas frases falaces como: “Si querés, podés”; “Si lo soñás, lo lográs” o “ Si lo visualizás, se hará realidad”.
 
Ese es un camino falso y apócrifo, que lo único que busca es la rentabilidad económica para el que habla y el estancamiento emocional para el que sufre. Se me dirá que mucha gente se ha curado al leer estos libros o al ver estos programas, a lo que responderé: nadie puede curarse de una enfermedad que no conoce, nadie puede curarse de una fractura expuesta leyendo un libro o viendo un programa de televisión.
 
Sin embargo: ¿Por qué la gente cree que si puede curar sus dolores emocionales al leer “El que debe dirigir tu vida eres tú”? No se está curando, sólo está entusiasmado porque encontró un parche que tapa su agujero existencial. Pero, como ya sabemos, todos los parches son pasajeros y los agujeros existenciales no.
 
Para trabajar nuestros dolores y sufrimientos hay que ser más serios, más profundos, más metódicos y rigurosos. La psíquis humana no puede ser subestimada del modo en que lo hacen estos pseudo-psicólogos de feria que se escudan en la típica frase: “Mucha gente me escribe diciendo que mis libros le hacen bien”, porque justamente se trata de dejar de “hacerle bien” a la gente para que en realidad puedan encontrarse con su “verdad”, las causas profundas de sus dolores y sufrimientos.
 
El camino hacia la superación, la plenitud y el potencial (si es que todo esto existe) nunca puede ser un camino de dicha y alegría. Al contrario, es doloroso, traumático, complejo y contradictorio. Y así y todo no existen garantías de que ciertos dolores dejen de dolernos. 
 
Todos parecieran querer encontrar una llave mágica que los haga felices. Quieren que sea fácil, rápido y barato. Todos quieren ser “felices”, lograr sus “sueños”, alcanzar sus “metas”. Todo el discurso tiene que ver con llegar a algún lado y cuando finalmente lleguen allí, entonces sabrán lo que es la felicidad. 
 
Lamento decepcionarlos, pero nadie llega nunca a ningún lado. Nadie puede ser “feliz”, ni lograr sus “sueños”, ni alcanzar sus “metas”; porque si todo eso sucediera, el deseo se acabaría y la muerte sería la única salida.
 
No hay que llegar a ningún lado, no hay que lograr nada, no hay que leer ningún libro para ser feliz ni ver ningún programa para alcanzar nuestros sueños. La vida sólo puede vivirse de una forma: viviéndola. Y si queremos comprenderla, entonces debemos trabajar con seriedad y compromiso hasta llegar al fondo de nuestras emociones y pensamientos. La verdad no es gratis. 
 
Como decía un verdadero escritor: “La mayoría de la gente no vive, apenas existe.”

jueves, 14 de febrero de 2013

San Valentín o la Felicidad Imperfecta

Hoy se celebra el día de los enamorados cenando en restaurantes de etiqueta, recitando promesas que nunca se cumplirán y regalando objetos onerosos para confirmar el valor del sentimiento.
 
Millones de maníacos gritarán a los cuatro vientos: te amo! Aunque muchos no están diciéndoselo a la persona indicada, aunque otros saben que todavía no ha llegado la persona indicada, aunque todos temen que tarde o temprano fracasará. 
 
San Valentín: Otra batalla ganada por la cultura de masas y perdida por la individualidad del sujeto humano.
 
Porque en definitiva: ¿Qué es lo que se festeja? ¿Haberse enamorado alguna vez de alguien o seguir enamorado de alguien que ya no está? ¿Estar enamorado de nuestra pareja actual o esperar que en algún momento podamos enamorarnos de el/ella?
 
¿Cuánto dura el enamoramiento? ¿Cómo determinar si uno está enamorado, acomodado, cómodo o simplemente aburrido? ¿Cómo se mide el nivel de enamoramiento de ambos miembros de la pareja? ¿Será parejo dicho nivel de sentimiento? ¿Qué significa "amar"?


Sandor Marai puede darnos una respuesta: "Durante años he pensado que amar significa conocer a la otra persona, conocerla perfectamente, con todos sus secretos; conocer cada rincón de su cuerpo, cada reflejo, conocer a fondo su alma, cada una de sus emociones. Quizás sea esto, quizás conocer sea lo mismo que amar. Pero eso sólo es una teoría. Después de todo ¿qué quiere decir “conocer”? ¿Cuánto se puede conocer a un ser humano? ¿Hasta dónde se puede seguir a un alma desconocida? ¿Hasta sus sueños? ¿Y luego adónde?"

Sigo sin saber que significa “amar”.
 
"¿Acaso se puede saber? ¿Y de qué sirve saberlo? No tiene nada que ver con la razón. Seguramente el amor es algo más que el conocimiento. Amar debe ser algo parecido a seguir el mismo ritmo, una casualidad tan maravillosa como si en el universo hubiese dos meteoros con la misma trayectoria, la misma órbita y la misma materia. Una casualidad tal que no se puede ni calcular ni prever. Tal vez ni exista siquiera. Dos personas a las que les gustan las mismas comidas y la misma música, que caminan al mismo ritmo por la calle y que se buscan al mismo ritmo en la cama: quizás sea eso el amor.

Yo imagino que los encuentros de ese tipo deben de ser místicos. La vida real no se basa en tales probabilidades. Creo que las personas que siguen el mismo ritmo, que segregan sus hormonas al mismo tiempo, que piensan lo mismo de las cosas y lo expresan con palabras idénticas… Bueno, creo que eso no existe. Una de las dos será más lenta y la otra más rápida, una es tímida, la otra osada, una ardiente, la otra tibia. Así es como hay que tomar la vida, los encuentros.

Hay que aceptar la felicidad así, en su estado imperfecto."
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viernes, 25 de enero de 2013

Del dicho al hecho

Uno siempre responde con su vida entera a las preguntas más importantes. No importa lo que diga, no importa con qué palabras y con qué argumentos trate de defenderse. Al final, al final de todo, uno responde a todas las preguntas con los hechos de su vida: a las preguntas que el mundo le ha hecho una y otra vez. 
 
Las preguntas son éstas: ¿Quién eres? ¿Qué has querido de verdad? ¿Qué has sabido de verdad? ¿A qué has sido fiel o infiel? ¿Con qué y con quién te has comportado con valentía o con cobardía? Estas son las preguntas. Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo: eso no importa. Lo que sí importa es que uno al final responde con su vida entera.
 
¿Qué valor tienen las respuestas que se dan con palabras y no con la veracidad de la vida humana? Muy poco. Son muy pocas las personas cuyas palabras concuerdan con su existencia. Cuando eso sucede, se produce una de las maravillas más raras de la vida.
 
Quizás no se pueda hacer nada más que esto en la vida: adaptar la realidad, con inteligencia y con atención, a esa otra realidad irrevocable, el carácter personal. Esto es lo único que podemos hacer. Y sin embargo, así tampoco seremos más sabios, ni estaremos más resguardados frente a las adversidades.
 
No existe ningún ser humano lo bastante fuerte e inteligente para evitar mediante palabras o acciones el destino fatal que le deparan las leyes inevitables de su propia naturaleza y carácter.
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Sandor Marai - "El último encuentro"
 

domingo, 20 de enero de 2013

Cuentos de la Oficina

Entra. No repares en el sol que dejas en la calle. Tienes el domingo para bebértelo todo y golosamente, como un vaso de rubia cerveza en una tarde de calor. Hoy, deja el perezoso y contemplativo sol en la calle. Tú, entra.
 
En la calle también está el viento. El viento que corre jugando con fantasmas. Fantasma él también, pues no se ve con los ojos de la cara, y se lo siente. El viento es juguetón como un recental; esto no es serio. Tú entra.
 
Deja en la calle sol, viento, movimiento loco; tú, entra.
 
¿Qué podrías hacer en la calle? ¿No tienes vergüenza, estúpido sentimental, regodearte con el sol como un anciano blanco, y esqueletoso, y centenario? ¿No te humilla, en tu actual situación de muchacho fornido, dejarte forrar por el viento como una hoja dentro de un remolino?
 
¡Y la lluvia! No te avergonzaré recordándote que los otros días estuviste tres horas ¡tres horas!, contemplando tras la vidriera del café, caer y caer y caer, monótonamente, estúpidamente, una larga, monótona y estúpida lluvia. Entra, entra.
 
Entra; penetra en mi vientre, que no es oscuro, porque, ¡mira cuántos Osram flechan sus luminosos ojos de azufre encendido como pupilas de gata! Penetra en mi carne, y estarás resguardado contra el sol que quema, el viento que golpea, la lluvia que moja y el frío que enferma.
 
Entra; así tendrás la certeza —que dará paz a tu espíritu— de obtener todos los días pan para tu boca y para la boca de tus pequeñuelos. ¡Tus pequeñuelos, tus hijos, los hijos de tu carne y de tu alma y de la carne y del alma de la compañera que hace contigo el camino! Entra; acuérdate de ellos; entra.
 
Además, cumplirás con tu deber. Tu deber. ¿Entiendes? El trabajo no deshonra, sino que ennoblece. La Vida es un Deber. El hombre ha nacido para trabajar. Entra; urge trabajar. La vida moderna es complicada como una madeja con la que estuvo jugando un gato joven. Entra; siempre hay trabajo aquí.
 
No te aburrirás; al contrario, encontrarás con qué matizar tu vida. (Además de que es tu Deber). Entra. Siéntate. Trabaja. Son cuatro horas apenas. Cuatro horas. Pero, eso sí: nada de engañifas ni simulaciones ni sofisticaciones. ¡A trabajar! Si tu labor es limpia, exacta y voluntariosa —voluntariosa sobre todo—, los jefes te felicitarán. Tú estás sano; puedes resistir estas cuatro horas. ¿Has visto cómo las has resistido? Ahora vete a almorzar. Y vuelve a hora cabal, exacta, precisa, matemática.
 
¡Cuidado! Porque si todos se atrasaran, se derrumbaría la disciplina, y sin disciplina no puede existir nada serio. Otras cuatro horas al día. Nadie se muere trabajando ocho horas diarias. Tú mismo, dime: ¿no has estado remando el domingo once o doce horas, cansando los músculos en una labor con el agua que me abstengo de calificar por el ningún remordimiento que se obtiene? ¿Ves tú? ¡Y con inminente peligro de ahogarte! Yo sólo te exijo ocho horas. Y te pago, te visto, te doy de comer. ¡No me lo agradezcas! Yo soy así.
 
Ahora vete contento. Has cumplido con tu Deber. Ve a tu casa. No te detengas en el camino. Hay que ser serio, honesto, sin vicios. Y vuelve mañana, y todos los días durante 25 años; durante los 9.125 días que llegues a mí, yo te abriré mi seno de madre; después, si no te has muerto tísico, te daré la jubilación.
 
Entonces, gozarás del sol, y al día siguiente te morirás.
¡Pero habrás cumplido con tu Deber!
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Roberto Mariani – Cuentos de la Oficina (1925)

sábado, 5 de enero de 2013

El Divorcio Imposible

"No creo que los esposos puedan seguir siendo buenos amigos después del divorcio. El matrimonio es el matrimonio y el divorcio es el divorcio. Esa es mi opinión.
 
No creo que eso que inventaron las personas hace milenios y continúan repitiendo como por inercia sea una mera formalidad. Creo que el matrimonio es sagrado. Y también que el divorcio es un sacrilegio. Me educaron así. Pero no sólo lo creo por mi educación y por los preceptos religiosos. También lo creo porque soy mujer y para mí el divorcio no es una simple formalidad, como tampoco lo es la ceremonia ante el oficial del registro civil o en la iglesia, que une indiscutiblemente los cuerpos y las almas de dos personas. Igual de indiscutible es el divorcio, que separa sus destinos. 
 
Cuando mi marido y yo nos divorciamos, no pensé ni por un instante que pudiéramos quedar como «amigos». Por supuesto, él seguía siendo educado y atento, incluso generoso, como era su costumbre y su deber. Pero yo no fui ni educada ni generosa, me llevé hasta el piano, sí, como tiene que ser. Anhelaba venganza, me habría gustado llevarme todo el piso, hasta las cortinas, todo. Me convertí en su enemiga en el momento del divorcio y lo seguiré siendo hasta el día de mi muerte.
 
Que no me llame para ir a comer al restaurante porque no estoy dispuesta a hacer el papel de la mujercita melosa que sube a casa del ex marido a poner orden si el criado roba la ropa interior. Por mí, pueden robárselo todo, y si un día me enterase de que está enfermo, ni siquiera entonces subiría a verlo.
 
¿Que por qué? Porque nos hemos divorciado, ¿entiendes?
Y a eso una no puede resignarse."
 
La Mujer Justa - Sandor Marai
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No se divorcian por miedo a quedarse solos.
Se escudan detrás de los años convividos, los hijos en común y la parentela inconmovible.
El "para toda la vida" se les convierte en un mandato psicológico que deben cumplir.
Son presas del status quo, la seguridad de lo conocido, la tranquilidad de no tener que salir al mundo, el miedo a ser felices.
Por eso tienen amoríos, juegan un rato a ser libres, se escapan del otro en brazos ajenos, sueñan con una felicidad en cuotas, ponen un paréntesis a tanto aburrimiento.
Nunca llegan a disolver el vínculo, no porque no quieran, sino porque no pueden.
Los senderos se bifurcan por un tiempo, para luego volver a unirse.
Pero ya se sabe que esa unión nunca dura, porque todo lo malo vuelve a surgir al poco tiempo, todo lo que odiábamos del otro vuelve a aparecer, todo lo que nos llevó a separarnos surge nuevamente en cada acto.
Nadie deja de ser quien es, nadie cambia, nadie puede ser otro.
Sin embargo vuelven a juntarse, claudican a sus sueños, ignoran su potencial, desprecian las oportunidades que el destino tenía en sus caminos y finalmente se acomodan.
Por miedo, por falta de agallas, por mediocridad y también por costumbre.
Hay decisiones en la vida que deben ser terminantes: enamorarse, separarse, tener hijos, renunciar a un trabajo, viajar, apostar a un sueño, morir.
Pero para ello hay que tener coraje y determinación, dos características poco comunes en los pequeños burgueses del mundo cotidiano.
Nunca llegan a vivir sus vidas, apenas logran actuaciones de reparto.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Creadores vs. Parásitos

A través de los siglos ha habido hombres que han dado pasos en caminos nuevos sin más armas que su propia visión. Sus fines eran diferentes, pero todos ellos tenían esto en común: el paso inicial, el camino nuevo, la visión propia y la respuesta que recibían: odio.  
 
Ningún creador ha sido impulsado por el deseo de servir a sus hermanos, porque sus hermanos rechazaban el don que les ofrecía y ese don destruía la rutina perezosa de sus vidas. Su verdad fue el único móvil. Su propia verdad y su propio trabajo para realizarlo a su propio modo.
 
Nada le ha sido dado al hombre sobre la tierra. Todo lo que él necesita lo tiene que producir. Y aquí el hombre afronta su alternativa fundamental; puede sobrevivir de una forma u otra; por el trabajo independiente de su propia mente o como un parásito alimentado por la mente de otro.
 
El creador produce, el parásito toma en préstamo. El interés del creador es la conquista de la naturaleza. El interés del parásito es la conquista del hombre. El parásito vive de segunda mano. Necesita de los demás. Los demás llegan a ser su móvil esencial. La necesidad básica del creador es la independencia. La mente que razona no puede vivir bajo ninguna forma de compulsión. No puede ser reprimida, sacrificada, subordinada a ninguna consideración, cualquiera que sea.
 
La necesidad básica del parásito es asegurarse los vínculos con los hombres para poder nutrirse. Coloca ante todo las relaciones. Declara que el hombre existe para servir a los otros. Predica altruismo. El altruismo es la doctrina que exige que el hombre viva para los demás y coloque a los otros sobre sí mismo.
 
Los hombres han aprendido que la virtud más alta no es realizar, sino dar. Sin embargo, no se puede dar lo que no ha sido creado. La creación es anterior a la distribución, pues, de lo contrario, no habría nada que distribuir. La necesidad de un creador es previa a la de un beneficiario. Sin embargo, se nos ha enseñado a admirar al imitador, que otorga dones que él no ha producido. Elogiamos un acto de caridad y nos encogemos ante un acto creador.
 
A los hombres se les ha enseñado que nadar con la corriente es una virtud. Pero el creador es el hombre que nada contra la corriente. A los hombres se les ha enseñado que estar juntos constituye una virtud. Pero el creador es el hombre que está solo. A los hombres se les ha enseñado que el ego es el sinónimo del mal y el altruismo es el ideal de la virtud. Pero el creador es un egoísta en sentido absoluto y el hombre altruista es aquel que no piensa, no siente, no juzga, no construye.
 
La elección no debe ser el sacrificio de uno mismo o la dominación. La elección es independencia o dependencia. El código del creador o el código del imitador.

Esta contienda tiene otro nombre: lo individual contra lo colectivo. El «bien común» de lo colectivo, raza, clase, estado, ha sido la pretensión y la justificación de toda tiranía que se haya establecido en la tierra. Los mayores errores de la Historia han sido cometidos en nombre de móviles altruistas.
¿Alguna vez han igualado los actos del egoísmo a todas las carnicerías perpetradas por los discípulos del altruismo?
No reconozco obligaciones hacia los hombres, excepto una: respetar su libertad y no formar parte de una sociedad esclava.
"El Manantial" - Ayn Rand
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Este libro es mucho más que una novela. Se trata de un manifiesto filosófico-social y antropológico que busca oponerse a lo que hemos aprendido durante siglos: el altruismo.
Si se lee con moral cristiana puede parecernos una blasfemia y una incitación al egoísmo y la destrucción de la solidaridad. Error.
Debemos desprendernos de años de adoctrinamiento y moral religiosa para comprender la profundidad de esta filosofía.
Debemos pelear por no ser absorbidos por la tribu (Nietzsche), por dar batalla al status quo, la comodidad, la rutina, la tranquilidad económica, la imitación y la subordinación.
Deseo que el 2013 mucha gente querida pueda romper esa cadena altruista que lo ata a un "deber" divino, a obligaciones morales autoimpuestas, a creencias falsas, a construcciones de autoestima denigrantes o imposibilitadoras.
Estamos en una era donde el potencial debe liberarse y para ello debemos pagar el precio de romper con lo conocido e ir por lo que nos apasiona.
Lo que seguramente aflora al leer estas palabras es miedo.
El mismo miedo de siempre, que durante milenios nos han inculcado para mantenernos a raya. Para no intentarlo, para no ir por ello, para no dar lo máximo.
Si hay una felicidad, probablemente sea la de hacer lo que queremos hacer.
Pero tiene un precio y debemos estar dispuestos a pagarlo.
De lo contrario debemos conformarnos con alegrías momentáneas y ajenas.
Es hora de dejar de vivir la vida desde abajo o desde afuera.
Seamos protagonistas.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Retroceder nunca, rendirse jamás

En  la búsqueda desesperada del amor, todos hemos incurrido en errores comunes como: forzar vínculos imposibles, intentar epopeyas románticas, poner expectativas en la persona equivocada, creer que es “si” cuando todo te indica que “no”, etc.
 
Si bien podríamos ser auto-indulgentes con estos deslices, existen dos conductas que son absolutamente inadmisibles: retroceder y rendirse.
 
 
Retroceder sería esa tendencia compulsiva por volver al pasado en forma recurrente o vivir definitivamente en él, ya sea por la comodidad del “malo conocido” o por la falta de coraje para decidirse a evolucionar. Es retornar a ex parejas, ex amores, ex amantes. Una especie de ex vida. No la real y verdadera, la que avanza hacia adelante; sino la que involuciona, la que se repite, la que se retrotrae al único tiempo que ya ha muerto: el pasado.
 
Así como no podríamos estar re-aprendiendo a leer cada dos años, ¿por qué motivo se elige re-apre(h)ender el pasado en materia sentimental? ¿Cuáles son las tranquilidades que lo “conocido” tiene sobre lo “nuevo”? ¿Económicas, sociales, familiares, sexuales? ¿Son certezas reales o muletas psíquicas para seguir rengueando por la vida?
 
Pero además de evitar estos retrocesos, es obligatorio no rendirse jamás. Y dicha rendición comienza con lo que hemos aprendido sobre el amor y lo que creemos sobre ese sentimiento. Es básicamente un condicionamiento cultural. 
 
La melancolía, la culpa romántica o las manipulaciones de la memoria, siempre han gozado de buena prensa en nuestra culura occidental y todas comparten el mismo elemento inhibidor: el miedo a crecer e ir hacia adelante.
 
Pero entonces, ¿Cómo logramos desaprender esa forma melancólica y nostálgica del amor?En primer lugar buscando las palabras que nos permitan verbalizar ese miedo que nos paraliza; ¿qué hay de terrible en el horizonte que nos hace volver hacia atrás?
 
Solamente poniendo en palabras nuestros miedos podremos atravesarlos. Ir hacia adelante implica articular un relato distinto del que siempre nos repetimos. Crecer, en el amor, es dejar de posicionarnos en emociones que retroceden y comenzar a situarse sobre las que nos lanzan hacia adelante, el único lugar posible al que iremos a parar.
 
Poblar nuestro presente con sombras del pasado es un error, pues todas supieron ser luz en su debido tiempo y lugar. Acaso nosotros también habremos dejado nuestra luz y sombra en vidas ajenas; y debemos rogar por quedarnos allí. Sólo hay que convertirse en un buen recuerdo, porque la vida real ya no está allí.
 
La clave –entonces- es continuar buscando, pues siempre habrá algo mejor para nosotros. Como bien se dice, “la única forma de salir de un amor es con otro amor”.
 
Debemos reconocer que lo único permanente es el cambio y que la experiencia amorosa se adquiere para ser depositada en la próxima persona y no para corregir errores del pasado.
 
Se trata de ser mejores con los próximos y no mediocres con los que ya no están.
 
El único camino posible es hacia adelante.
Sólo hay que continuar caminando, sin retrocesos ni rendiciones.
El único amor posible siempre estará en el horizonte, jamás a nuestras espaldas.