Aunque te abraces a la luna
Aunque te acuestes con el sol
No hay mas estrellas
Que las que dejes brillar
Tendrá el cielo tu color
No estés solo en esta lluvia
No te entregues, por favor,
Si debes ser fuerte en estos tiempos
Para resistir la decepción
Y quedar abierto mente y alma
Yo estoy con vos
Si te hace falta quien
Te trate con amor
Si no tienes a quien
Brindar tu corazon
Si todo vuelve
Cuando más lo precisas
Nos veremos otra vez
No estés sola en esta lluvia
No te entregues, por favor
Si debes ser fuerte en estos tiempos
Para resistir la decepción
Y quedar abierta mente y alma
Yo estoy con vos
------------------
"Nos Veremos Otra Vez" - Serú Girán
miércoles 9 de diciembre de 2009
martes 8 de diciembre de 2009
Pareja entrada en años.
Sentados en una mesa de famosa esquina de Buenos Aires.
Discutían.
En realidad no.
No había diálogo, sino monólogos.
El decía cosas en un tono seco y cortante, marcando su lugar de macho.
Ella, sosteniendo un perro espantoso, miraba hacia otro lado y se dejaba penetrar por esos comentarios.
A su debido momento, la dama replicaba con denostaciones de la misma índole.
Lo curioso era que no les sorprendía ese maltrato mutuo.
Será porque la agresión constante ya no agrede.
Parecían estar acostumbrados no sólo a "comunicarse" en esos términos, sino también a seguir juntos.
"Eran juntos" de esa forma.
Aprendieron a odiarse, a maltratarse, a soportarse, a lastimarse.
Sin embargo, no supieron salirse a tiempo.
Compraron el "para toda la vida" a cualquier precio.
Y lo pagaron.
lunes 7 de diciembre de 2009
- "No, no estoy enojada".
- "En cinco minutos bajo".
- "Tranquilo, no te preocupes, está todo bien".
- "Si me dejás, me mato".
- "OK"
- "Andá a cenar con tus amigos, no te hagas drama".
- "¿Por qué te saludó esa?"
- "¿Por qué no me llamaste hoy? ¿Ni un minuto tenés?"
- "¿No me querés más?"
- "¿Me querés decir que soy gorda?"
- "Siento que deberíamos consolidar esto" (a los 2 meses de estar saliendo)
- "¿Y quién es ésta?" (en referencia a una foto de hace 8 años)
- "Yo quiero un hijo, no importa si el padre se queda conmigo o se va" (en la primera salida)
- "Te amo" (a la segunda salida)
--------------
Todas padecidas por quien escribe, en diferentes ocasiones y con diferentes personas.
Así quedé.
sábado 5 de diciembre de 2009
- ¿Existe una única profesión en la vida?
- ¿Hay que esperar a jubilarse para ser feliz?
- ¿Existe un sólo lugar en el mundo para vivir?
- ¿Por qué no hacemos las cosas que nos gustan?
- ¿Existe un único amor en la vida?
- Si vamos a morir ¿a qué le tenemos miedo? ¿A morir?
- ¿Se puede recurrir a cualquier argumento con tal de no ser abandonado?
- ¿Tiene sentido trabajar toda la vida para pagar cosas inútiles?
- ¿Cuál es la lógica de trabajar 350 días a cambio de 15 días de descanso?
- ¿Es el aumento de sueldo la verdadera alegría a la que podemos aspirar?
- ¿Por qué en la peor edad -17 años- se debe elegir que estudiar para toda la vida?
- ¿Qué significa tener un buen promedio?
- ¿Es necesaria la religión o con la fé es suficiente?
- ¿Por qué el 90% del mundo es pobre y hace tanto tiempo? ¿Para que el otro 10% sea rico?
- ¿Las personas de las que nos enamoramos en la vida son retazos de una única?
- ¿Existe el amor a primera vista? ¿Y a segunda vista?
- ¿Y que hay del amor que te deja ciego?
- ¿Cuál es el problema de equivocarse?
- ¿Por qué casarse es una fiesta y divorciarse un drama?
- ¿Por qué la gente se viste de blanco en los funerales de oriente?
- ¿Por qué la palabra NO es la que más se escucha?
- ¿Hay sólo una oportunidad de encontrar el verdadero amor?
- ¿Qué pasa si perdemos esa oportunidad?
- ¿Qué es ganar? ¿Y perder?
Vivimos tratando de dar respuestas a interrogantes paradójicos, a situaciones inmanejables, a conflictos que no tienen solución. El resultado no sólo es que no encontramos respuestas, sino que además padecemos, sufrimos, nos angustiamos.
El modelo cultural y educativo nos ha educado para buscar respuestas, cuando en realidad se trata de reformular preguntas. En vez de caer en: “¿Por qué tuvo que sucederme esto a mí?”, deberíamos preguntarnos “¿Qué puedo hacer yo en la situación en que me encuentro?”
Epicteto decía que nosotros no podemos cambiar las situaciones que no dependen de nosotros. Pero ahí estamos, haciendo fuerza para que el cosmos nos haga un guiño por todo el esfuerzo realizado. Pero es un esfuerzo en vano, porque nuestro accionar es limitado sobre el universo y sus leyes.
El secreto tal vez esté en dejar de buscar la felicidad, porque la felicidad no se encuentra buscando. La felicidad está en las cosas que nos pasan, los hechos que suceden y las personas que nos acompañan. La felicidad en sí no existe en ningún lugar.
La felicidad generalmente nos visita cuando nos olvidamos de buscarla y nos focalizamos en comprender cual es nuestro sentido en esta vida. Qué cosas son las que nos movilizan internamente, las que disfrutamos hacer, las que liberan nuestro potencial. Cuando logramos descubrir ese sentido y hacerlo real, entonces la felicidad nos aborda.
La gente habla en potencial, pero vive en acto. “Podría haber sido un gran jugador de fútbol”, “Podría haber formado una pareja mucho más profunda y real”, “Podría haber seguido Ingeniería”, “Podría haberme dedicado a la pintura”, etc.
La vida feliz se trata de "actualizar" las "potencialidades". Si no actualizamos nuestras potencialidades, nos transformamos en objetos portadores de potencialidad…pero frustrada.
No hay otro camino posible que el de liberar el potencial y hallar nuestro verdadero sentido.
El resto, es mentira.
lunes 23 de noviembre de 2009
Solo: Llorar, escuchar, amar, leer, meditar, buscar, preguntar, ignorar.
Con otros: Reír, hablar, controlar, gritar, enervar, encontrar, responder, saber.
Hay que estar más con uno, aunque estemos con otros.
Con otros: Reír, hablar, controlar, gritar, enervar, encontrar, responder, saber.
Hay que estar más con uno, aunque estemos con otros.
Soy un hombre joven, relativamente hablando. Tengo 36 años. Pero me despierto como si fuera de 96. Después de tres décadas de carrera, de saltar alto y aterrizar duro, mi cuerpo ya no se siente como mi cuerpo, especialmente en la mañana.
Mi nombre es Andre Agassi. Es 2006. Mi último abierto de Estados Unidos. En rigor, mi último torneo. Juego al tenis para ganarme la vida, aunque lo odio, lo odio con una pasión secreta y oscura, y siempre lo he hecho.
Todo es limpio, elegante, cómodo. Estoy en el Four Seasons, así que es hermoso, pero sigue siendo, sin embargo, otra versión de lo que que yo llamo “la no casa”. El no-lugar de existir como atletas.
De pie frente al espejo del baño, ya sin la toalla, me miro a la cara. Los ojos rojos, la barba gris, una cara totalmente diferente de aquella con la que empecé. Pero también diferente de la que vi el año pasado en este mismo espejo. Todavía puedo ver más o menos el muchacho que no quería jugar tenis en primer lugar, el niño que quería abandonar todo, el muchacho que se dio por vencido muchas veces. Veo aquel chico con pelo de color oro que odiaba el tenis, y me pregunto cómo vería a este hombre calvo, que todavía odia el tenis y aun así juega. ¿Estaría conmocionado? ¿Entretenido? ¿Orgulloso? La pregunta hace que ya esté cansado, y sólo es mediodía.
Por favor, haz que esto termine. No estoy listo para que termine.
El tenis es el deporte en el que uno se habla a sí mismo. Ningún atleta se habla a sí mismo como lo hacen los tenistas. En el calor de un partido, los jugadores de tenis parecen como locos en una plaza pública, despotricando, jurando y conduciendo debates con su álter ego. ¿Por qué? Debido a que el tenis es terriblemente solitario. Sólo los boxeadores pueden entender la soledad de los jugadores de tenis –y sin embargo, ellos tienen a sus hombres y entrenadores en la esquina. Incluso un boxeador oponente proporciona un tipo de compañía. En el tenis, uno está cara a cara con el enemigo, pero nunca puede tocarlo o hablarle, con él ni con ninguna otra persona. Las normas lo prohíben. El tenis es como estar en una isla. El tenis es el deporte más cercano a la incomunicación, que inevitablemente conduce a hablarse uno a sí mismo.
Me digo que esta noche será como hacer un examen para el que he estado estudiando durante veintinueve años. Pase lo que pase esta noche, ya lo he pasado antes por lo menos una vez. Si se trata de una prueba física, o si es mental, no será nada nuevo.
Dejemos que esto termine. No quiero que termine.
Mi nombre es Andre Agassi. Es 2006. Mi último abierto de Estados Unidos. En rigor, mi último torneo. Juego al tenis para ganarme la vida, aunque lo odio, lo odio con una pasión secreta y oscura, y siempre lo he hecho.
Todo es limpio, elegante, cómodo. Estoy en el Four Seasons, así que es hermoso, pero sigue siendo, sin embargo, otra versión de lo que que yo llamo “la no casa”. El no-lugar de existir como atletas.
De pie frente al espejo del baño, ya sin la toalla, me miro a la cara. Los ojos rojos, la barba gris, una cara totalmente diferente de aquella con la que empecé. Pero también diferente de la que vi el año pasado en este mismo espejo. Todavía puedo ver más o menos el muchacho que no quería jugar tenis en primer lugar, el niño que quería abandonar todo, el muchacho que se dio por vencido muchas veces. Veo aquel chico con pelo de color oro que odiaba el tenis, y me pregunto cómo vería a este hombre calvo, que todavía odia el tenis y aun así juega. ¿Estaría conmocionado? ¿Entretenido? ¿Orgulloso? La pregunta hace que ya esté cansado, y sólo es mediodía.
Por favor, haz que esto termine. No estoy listo para que termine.
El tenis es el deporte en el que uno se habla a sí mismo. Ningún atleta se habla a sí mismo como lo hacen los tenistas. En el calor de un partido, los jugadores de tenis parecen como locos en una plaza pública, despotricando, jurando y conduciendo debates con su álter ego. ¿Por qué? Debido a que el tenis es terriblemente solitario. Sólo los boxeadores pueden entender la soledad de los jugadores de tenis –y sin embargo, ellos tienen a sus hombres y entrenadores en la esquina. Incluso un boxeador oponente proporciona un tipo de compañía. En el tenis, uno está cara a cara con el enemigo, pero nunca puede tocarlo o hablarle, con él ni con ninguna otra persona. Las normas lo prohíben. El tenis es como estar en una isla. El tenis es el deporte más cercano a la incomunicación, que inevitablemente conduce a hablarse uno a sí mismo.
Me digo que esta noche será como hacer un examen para el que he estado estudiando durante veintinueve años. Pase lo que pase esta noche, ya lo he pasado antes por lo menos una vez. Si se trata de una prueba física, o si es mental, no será nada nuevo.
Dejemos que esto termine. No quiero que termine.
Me pongo a llorar. Me apoyo en la pared de la ducha y lo dejo salir.
---------------------------------
Puedo entender perfectamente cada palabra y sensación descripta por este astro del deporte. Cuando uno alcanza niveles de alta competición, presión y sacrificio físico y mental; uno llega a convertirse en una máquina. Un autómata que entra a la cancha a hacer lo que sabe para pasar a la próxima ronda. No hay otra meta. Pelota por Pelota, Punto por punto, Game por Game, Partido por Partido, Torneo por Torneo, Año por Año.
Y vivís en aviones, en hoteles, en aeropuertos, en clubes. El "no lugar".
Te hablas todo el tiempo, todo el maldito tiempo. Antes de jugar, durmiendo, comiendo, entrenando, elongando, jugando, en la ducha. Diálogos eternos e internos.
"¿Debo seguir en esto o retirarme?"
"Quiero pertencer a algún lugar, quiero vincularme con los otros sin considerarlos rivales, quiero dejar de comer pastas y frutas, quiero dejar de soportar el dolor y el agotamiento, quiero salir a divertirme."
"Quiero pertencer a algún lugar, quiero vincularme con los otros sin considerarlos rivales, quiero dejar de comer pastas y frutas, quiero dejar de soportar el dolor y el agotamiento, quiero salir a divertirme."
Aquí, para sorpresa de todo el mundo, el chico de Las Vegas confiesa haber odiado el tenis toda su vida (entre otras confesiones). Ser famoso y millonario aparentemente no nos garantiza amar lo que hacemos.
Hay que descubrir que esfuerzos y sacrificios se esconden detrás de cada elección.
Hay que descubrir que esfuerzos y sacrificios se esconden detrás de cada elección.
Extraído del libro "Open", la autobiografía de Andre Agassi.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)