domingo, 15 de marzo de 2009

Las Moiras


Algo más sobre el Destino o la elección personal.


En mis años de estudiante recuerdo que me cautivó el libro "La Teogonía" de Hesíodo.
Allí se explica la cosmogonía del mundo griego antiguo a través de mitos y seres divinos.
Siempre me parecieron mucho más interesantes las historias sobre los dioses paganos que la verdad revelada del Cristianismo. Aclaro que esto no indica mi conversión al ateísmo, simplemente lo señalo desde un punto de vista artístico y literario. La Biblia tiene sus méritos, pero los textos griegos son ampliamente mejores.

En aquel libro de Hesíodo aparecen "Las Moiras", las cuales personifican al destino en la mitología helénica. Aunque en algunos pasajes se las reconoce como hijas de Zeus y Temis, es más probable que sean hijas de Nix (la Noche) diosa que concebía por sí sola.

Las Moiras eran tres hermanas, Cloto ("la que hila"), Láquesis ("la que asigna el destino) y Atropos ("la inflexible"). Su misión es la de asignar el destino a los seres que nacen, deparándoles suertes y desgracias.

Las Moiras asisten al nacimiento de cada ser, hilan su destino y predicen su futuro. En el momento del nacimiento decidían cuál iba ser la vida del nacido, predestinando sus actos y el momento de su muerte. El destino era determinado mediante un hilo de lana blanca o dorada para los momentos de felicidad, o de lana negra para los momentos de dolor.

La más joven, Cloto, preside el momento del nacimiento y lleva el ovillo de lana con el que va hilando el destino de los hombres; la segunda en edad, Láquesis, enrolla el hilo en un carrete y dirige el curso de la vida y la anciana Atropos (o sea la Parca) toma el hilo de la vida y lo corta con sus tijeras de oro sin respetar la edad, la riqueza, el poder, ni ninguna prerrogativa, y así ésta llega inevitablemente a su fin.

La víbora que mata a Eurídice, la imprudencia que lleva a la perdición a Icaro, la distracción de Teseo que da lugar al malentendido que precipita el suicidio de Minos, la confusión de Héctor que desencadena la muerte de Patroclo y con ello la suya propia a manos del furioso Aquiles no son más que distintas manifestaciones del cumplimiento de lo inexorable: la voluntad férrea e inquebrantable de las Tres Hermanas.

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Comentario: Es mucho más fácil creer que tomamos nuestras propias decisiones y que no existen las moiras, ni el destino, ni nada similar. Claro que tenemos la voluntad para tomar decisiones, pero esas decisiones ya fueron tomadas y tramadas por las moiras. La única diferencia entre creer o no en esta cosmogonía reside en el hecho de que las moiras lo saben y nosotros ni siquiera nos permitimos sospecharlo.

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